Read More

Asivemoselhola

Porque tú también has visto así el Hola, y lo sabes
Read More

Deco + DIY

Read More

Recetas y más

domingo, 2 de septiembre de 2018

Los últimos coletazos del verano

Antes de que podamos darnos cuenta, las páginas de Hola se nos llenarán de niños volviendo al cole, de estampados tartán, de familias random cocinando tartas de calabaza y de árboles de navidad. Pero mientras tanto, aún podemos disfrutar de los últimos coletazos del verano, antes de que nuestros famosos regresen (ejem) al trabajo.

Sofía Palazuelo, que sí... pero no.
La portada de esta semana es para Sofía Palazuelo, una chica con cara de colegio de monjas que resulta que es la prometida del nieto de la duquesa de Alba. El caso es que desde Hola, quieren, pero... psé. La pobre tiene cara de buena chica, pero ya. Pero bueno, Hola no ceja en su empeño y nos dan doble ración de reportaje, que ya tiene su mérito cuando el tema central de ambos es si la muchacha lleva bikini o bañador (heredado de la abuela de él, muy entrañable, como señala @ani.patagonia en @asivemoselhola). Bueno, su atuendo playero y que se casan en octubre. Y os vais a quedar muertos, pero coincide que el primo del muchacho... ¡TAMBIÉN SE CASÓ EN OCTUBRE, PERO DE HACE DOS AÑOS! Yo no sé vosotros, pero yo me he quedado fli-pa-da con la coincidencia.

El reportaje inmobiliario de la semana está dedicado a una diseñadora (ejem 2) que bien podría ser la hija que nunca tuvieron Inma del Moral y Marta Sánchez. El caso es que aquí tenemos otro ejemplo de superación, de cómo a pesar de que tu familia tenga influencias, poder y dinero, tú decides que quieres triunfar por ti misma, sin la ayuda de nadie. Y lo consigues. ¡Chúpate esa, mamá!
"A punto de acabar la carrera, mi madre me dijo que si no
conseguía  trabajo, me volvía a casa, pero yo ya había
decidido que lo conseguiría sin su ayuda".
En otro orden de cosas, Patricia Conde nos revela su nueva faceta de diseñadora (ejem 3), mostrándonos modelos de su colección como "mi marido me pide veinte mil euros", "la guardia y custodia de mi hijo la tengo yo en exclusiva" o "mi exmarido me pasa una pensión con la que no paga ni la quinta parte de los gaastos de mi hijo". La banda sonora del desfile corrió a cargo de "Tributé con arreglo a un criterio que Hacienda no comparte". Pero ella sale monísima en las fotos, tal parece Brigitte Bardot. 
Imágenes exclusivas en las que Patricia Conde se entera
de que Hacienda y ella no comparten criterios de cómo hay
que declarar los impuestos.
Esta semana también hemos tenido bodas, en concreto la de Hilary Swank, celebrada en un ambiente idílico, si como bien comentó @mgemil te llamas Bella y te gustan los chicos muertos que te chupan la sangre. El caso es que quitando cagarrutas de pájaro, bichos, barro y mosquitos, el sitio está muy bien, sobre todo para llevar unas sandalias de louboutin atadas al tobillo con una gasa y con un tacón de aguja de 15 centímetros.

Casarse en medio del bosque con un vestido largo blanco:
el concepto.
Mención aparte merecen las pobres niñas de arras de la boda. Vamos a ver, vamos a ver. ¿En serio cuesta tanto vestir bien a los niños? ¿Qué ocurre fuera de España para que los vistan continuamente de mamarrachos? ¿Sabemos qué consecuencias tendrá en el futuro de estos niños ver las fotos de su infancia? Muchas dudas. 

También ha habido tiempo para las confesiones. Concretamente, fuimos muchas las que confesamos que Luis Alfonso de Borbón nos ponía en su momento, es decir, hace quince años. Ahora, no es que haya envejecido mal, es que los años le han atropellado, se los ha comido, los ha vomitado y se los ha puesto por encima. Es como si hubiera sufrido una especie de transformación y/o mutación. Una pena. También nos llamó mucho la atención las camisetas que lucían sus hijos, con la inscripción "Borbón Vargas Crew", muy útil por si te olvidan tus apellidos o por si te pierdes. Ante todo, hay que ser práctico. 

Luisal completando su transformación
¿Y qué más? Pues que Hola sigue rompiéndonos el corazón mostrándonos la felicidad de Meghan y Harry (el día que anuncien el embarazo será el fin) y nos enseña como los Suecos nos llevan una vida de ventaja y mandan a los nenes en un trenecito al cole el primer día, para que la cosa sea menos dramática. Yo voto por implantar este sistema en España, pero no solo para el cole, también para los mayores. ¿O no molaría volver a la ofi montado en trenecito?

Español volviendo a la oficina el
primer día post-vacaciones
Esto ha sido todo por esta semana. Nos seguimos viendo por @asivemoselhola en Instagram.
¡Un abrazo chillao!



Read More

sábado, 1 de septiembre de 2018

El impuesto Montessori

Hace unos días os preguntaba en Instagram qué se os venía a la mente cuando oíais hablar de "método montessori" y vuestra opinión sobre el precio de los materiales llamados montessori. La colaboración fue abrumadora y fuisteis más de cuatrocientas las que contestastéis a lo que preguntaba. Las respuestas, las que me esperaba: más o menos la mitad de vosotras os inclinabáis por definir el método montessori con palabras como creatividad, libertad, experimentación, descubrimiento, autonomía, respeto al desarrollo del niño... Mientras tanto, la otra mitad lo identificabáis con moda, método moderno, sacacuartos, pijo, secta, hippies, inviable, niños sin límites ni normas, timo y - esta me hizo mucha gracia porque se repitió muchas veces - camas en el suelo.

En cuanto a vuestras impresiones sobre los precios de los materiales montessori, la inmensa mayoría opinásteis que eran demasiado caros, innacesibles para la mayoría de las familias y que se han convertido en un gran negocio elitista.

De todas las respuestas que me disteis, me vais a permitir que me quede con una, porque resume a la perfección lo que os voy a contar en este post.

Gracias @yeseniapt por tu respuesta
Para centrar el tema, os voy a explicar muy brevemente lo que sí es el método montessori. Se trata de un modelo pedagógico entre cuyas bases podemos destacar:

  • la consideración del niño como un ser competente capaz de tomar decisiones, que debe ser agente activo de su propio proceso de aprendizaje
  • el proceso de enseñanza-aprendizaje tiene en cuenta los periodos sensibles en el desarrollo del niño (aquellos momentos de su desarrollo en los que el niño está más receptivo para adquirir un aprendizaje) 
  • gran importancia de la observación a través de los sentidos y de la experimentación en la naturaleza como forma de aprendizaje.
  • el fin educativo último es la autonomía en todos los ámbitos: emocional, social, moral y crítica.


El modelo educativo desarrollado por María Montessori, por tanto, aboga por dejar a los niños actuar con libertad, como forma de potenciar su desarrollo mental, siempre dentro de un ambiente preparado por el educador, entendiendo este ambiente preparado como un espacio educativo adaptado a las características y necesidades del niño. Es decir, el niño, efectivamente, actúa libremente, pero siempre dentro de los límites que le hemos marcado como educadores (maestros o padres).

Y es en este ambiente preparado donde entran en juego los materiales montessori, que es el quid de la cuestión. La señora Montessori estableció algunas de las características que debían tener los materiales para el desarrollo cognitivo apropiados para su método, entre las que destaco:


  • centrarse en una cualidad del objeto (peso, color, tamaño, forma, dureza...).
  • que sean autocorrectivos, es decir, que no sea necesaria la intervención del educador para corregir los errores.
  • que estén adaptados al niño, ya sea en tamaño, facilidad de manejo, que le sean atractivos y que motiven al aprendizaje. 
En principio no parecen unos requisitos que resulten en materiales prohibitivos, inaccesibles para la mayoría de las familias, demasiado caros o que puedan derivar en un gran negocio elitista, ¿no?
Pero ahora viene la madre del cordero. A principio de este siglo XXI resurgió un movimiento (que ojo, tampoco es nada nuevo, viene de la teoría del apego de Bowlby desarrollada en los años 50) al que se le vino a llamar crianza natural, que indudablemente casaba a la perfección con los postulados del método montessori. El siglo XXI, además, está siendo el siglo del consumismo y del capitalismo por excelencia, no hay duda, y hete aquí que nos encontramos con que la señora María Montessori no vio la necesidad de registrar su apellido, así que nos hallamos ante un cóctel molotov: padres que manejan un exceso de información, pero que en muchas ocasiones carecen de herramientas críticas para procesarla, oportunidades de negocio infinitas a través de las redes sociales y de internet en general y un nombre, convertido en adjetivo, montessori, que parecer ser garantía de una educación de calidad, del desarrollo óptimo de las capacidades del niño y en definitiva, la llave para conseguir hijos multidisciplinares y preparados para enfrentar el mundo. Nombre que además se puede usar sin ningún tipo de restricción ni control, puesto que al no estar registrado, no tiene derechos de copyright. 

Así no es de extrañar que nos encontremos con webs que venden "camas montessori" por más de 400€, "kits de limpieza montessori" por más de 40€ o "estanterías montessori" por casi 80€. Traducido esto a lenguaje de la calle, viene a ser cama a la altura del suelo (en Ikea desde 39€, colchón aparte), una escoba, un trapo, una fregona y un recogedor de juguete (en El Corte Inglés por 12€, además incluye cubo) o una estantería baja (con la misma utilidad en Ikea desde 5€). Perdonadme que no ponga las imágenes, pero no quiero tener problemas con los derechos de autor. Si queréis que os pase los enlaces de dónde podéis ver los productos "montessori", mandadme un privado en Instagram (@paulamgram).


Hemos creado así el impuesto montessori, ese adjetivo mágico capaz de incrementar el precio de  producto hasta en un 350%. ¿Si acuesto a mi niño en una cama montessori de 400 euros se va a levantar más listo, más multidisciplinar y con mayores capacidades que si lo acuesto en una vulgar cama de Ikea de 100 euros? Probablemente no. La autonomía y el desarrollo de sus capacidades no depende de que la cama se apellide montessori, depende de que, por ejemplo, la cama le permita dormir sin barrera y que esté situada a una altura del suelo suficientemente pequeña para que el niño pueda levantarse a hacer pipi por la noche sin necesidad de ayuda. ¿Será mi hijo el más listo del cole si le compro una fregona montessori de 40€ en lugar de una fregona de juguete de 5€? Pues el niño no lo sé, pero igual tú el más espabilao de los padres, no eres... 

Ojo, en ningún momento estoy diciendo que los juguetes didácticos no valgan lo que cuestan. Indudablemente, un buen juguete de madera o materiales naturales, diseñado y desarrollado por pedagogos, que cumple con una serie de objetivos educativos, en definitiva, un juguete de calidad, no es barato, aunque sin duda alguna, merece la pena invertir en ellos. Encontraréis multitud de tiendas que tienen maravillas (yo misma sigo a algunas de ellas en Instagram, pero no me atrevo a mencionarlas por miedo de olvidar a alguna. Prometo hacer labor de búsqueda y recopilación). Pero que no os engañen: que algo se apellide montessori no es garantía de nada. Sin duda ninguna, está mucho más cerca de los postulados de María Montessori un niño recogiendo hojas de árboles caídas y clasificándolas por su forma, color o tamaño que un niño jugando con un "gabinete botánico de madera montessori" de 110€, por muy montessori que se apellide. 

Parafraseando a @yeseniapt, si la pobre María Montessori levantase la cabeza, se moría del disgusto. 

¡Un abrazo chillao! 
Read More

lunes, 27 de agosto de 2018

Una confesión

Como os he contado en Instagram, hay algo que quiero confesar. No sabía si contarlo o no, porque es fuerte y está muy mal visto, pero he ido dejando caer pistas en mis stories y en alguna que otra publicación y ha habido confesiones - en privado, eso sí - de más gente con esta problemática en la vida. Así que aun a riesgo de poner en riesgo mi buen nombre, me he decidido a darle visibilidad a este drama silenciado, así que ahí voy: NO ME GUSTA EL VERANO. Así mismo te lo digo.
Ahora podéis dejar de seguirme en Instagram, bloquearme, decid a mis amigos que me retiren la palabra y denunciarme a la Guardia Civil, pero antes dejadme que me explique.

El primer motivo por el que no me gusta el verano es porque los efectos de su tortura comienzan la noche de Nochevieja. ¿Que no? Venga, que levante la mano quien no ha dicho después de las uvas aquello de "bueno, vamos a gozar esta noche, que mañana empieza la operación bikini". Porque ojo, tú no puedes llegar al mes de junio con tus lorzas de todo el año, con tus pelos en las piernas y en lo que no son las piernas, blanca como el papel y con tu celulitis bien lustrosa. No señor. Tú al mes de junio tienes que llegar con diez kilos menos de los que tenías en enero, bien apretaita, calva como una rana en aquellas zonas que todas sabemos y morena, muy morena. Porque a ver qué es eso de llegar al primer día de playa brillando en la oscuridad. Y mirad, qué queréis que os diga, a mí esto me estresa y no tengo necesidad.


Otra cosa que me revienta del verano es que da la casualidad de que cae justo en los meses en los que puedes freír un huevo en el capó del coche. Yo, si el verano cayese en diciembre, sería la amante número uno de la canícula, pero qué queréis que os diga, a mí, los 37 grados de media, me superan. Yo entiendo que a ti, que me lees desde Burgos, el calor te parezca lo más de lo más, pero a mí, como murciana que soy, cinco meses de tórrido calor me parecen como demasiao. Sí, sí, has leído bien, aquí el verano dura mínimo de mayo a octubre, cuando no más. Así que me vais a perdonar, pero si esto no es una tortura, que venga Georgie Dann y lo vea.



Si el calor asfixiante os parece poco, hablemos de Estrella Damm, que es la que tiene la culpa de todo. En verano hay que pasárselo bien por narices. No vale decir que estás derrotao, que lo más que piensas hacer es tirarte en el sofá y fundirte en un solo ser con él mientras ves, una por una, todas las series de Netflix. No hija, no. Como si vivieras en un anuncio de cerveza, en verano tienes que cumplir uno por uno con los must estivales, a saber, ir a una playa de ensueño, hacer un viaje de no menos de cinco horas en avión, chuzarte en las fiestas de algún pueblo, leerte como poco diez libros, fotografiar puestas de sol o amaneceres como si los fueran a prohibir, tomarte un mojito de veinte euros en un chiringuito megasupercool y enamorarte locamente de un desconocido con el que no has cruzado palabra (si es guiri, puntúa doble). Porque en verano hay que "hacer cosas". Tienes que aprovechar el tiempo y no importa que lo que más te apetezca después de un año currando como una bestia sea no moverte de tu casa. El verano tienes que vivirlo, aunque eso signifique volver de las vacaciones medio muerta.



Y no te cuento si encima, eres madre, porque entonces no solo tienes que llegar al mes de junio como si fueras a desfilar para Victoria Secret y hacer más planes que el Equipo A. También te tienes que asegurar de que cada puñetero verano sea el verano de la vida de tus hijos, lo que implica hacer manualidades, ir a la feria, cuidar de un animalito, hacer castillos de arena que necesitan un permiso municipal de obras, buscar bichos aunque te repugnen o aprender algo nuevo (tú y ellos, no vale que sea algo que tú ya supieras). Total, na.

Pero ojo, que si creías que con la llegada de septiembre y la vuelta al cole, la tortura se acaba, siento decirte que no. Porque vuelves al curro y a tu vida rutinaria (bendita rutina), pero aún te quedan un par de meses mínimo de aguantar al pesao de contabilidad contando cada media hora que Formentera es el paraíso en la Tierra, a la cansina de tu vecina que todavía no se ha quitado el collar de caracolas porque añora mucho la libertad del verano o al insoportable de tu cuñado enseñándote fotos de Vietnam cada vez que te coge por banda. Y claro, en este impasse nos plantamos en menos que canta un gallo en diciembre y vuelta a empezar con la operación bikini, la búsqueda de destinos de vacaciones en los que no haya estado nadie jamás y con los rayos UVA y/o tumbarte en la terraza para ir cogiendo colorcillo.

Así que estando las cosas en esta tesitura, ahí os quedáis, summer lovers, con vuestro verano, vuestros treintayochogrados a la sombra, vuestro mosquitos tigre, vuestras playas con overbooking y medusas y vuestro estrés por pasar el mejor verano de vuestra vida, que yo me quedo esperando al invierno, al peli, sofá y manta, a la bufanda y los guantes y a los suéters que tapan el michelín. Al menos, hasta Nochevieja.

¡Un abrazo chillao!
Read More

domingo, 26 de agosto de 2018

London calling (II). Lugares de obligada visita cuando viajas con niños



Londres ofrece tantas posibilidades de ocio, cultura y diversión que es posible que si me meto a fondo con este tema, acaben de restaurar el Big Ben y yo siga escribiendo. Porque por si no lo sabes, si tienes mucho interés en ver el Big Ben, deja tu visita para el año 2021; antes solo verás un montón de andamios. Pero dejando de un lado este pequeño contratiempo, Londres bien necesitaria una estancia de un par de meses si es que queremos ver todos los lugares que merecen la pena. Como eso igual nos sale un poco caro, aquí os dejo los lugares que sí o sí tenéis que visitar si habéis viajado con vuestras fierecillas. Podéis pinchar en el nombre de cada uno de los sitios para ir a su web oficial.

Así os lo conté por stories de Instagram


Tiendas M&Ms y Lego.

Ambas entre Leicester Square y Picadilly Circus. En la primera, cuatro plantas dedicadas al chocolate y como plus, si te pasa como a mí y gozas viendo cosas ordenadas por colorines, lo vas a flipar. Es cara si compras merchandising, pero si coges una bolsita y te echas de los tubos de las paredes, te costará 1,99£  los 100g. Aún así, puedes entrar, echar un vistazo, hacerte fotos y no comprar nada, que no te llamarán la atención, pero resístete si puedes.

   


La tienda Lego debería ser de obligada visita aunque fuera para ver el Big Ben de Lego, o la cabina de teléfonos. Eso sí, calcula que cualquier cosa que vayas a comprar te va a costar entre un 15 y un 20% más caro que en cualquier juguetería española, pero también es verdad que si eres friki de la marca, allí vas a encontrar ediciones exclusivas, todas relacionadas con la ciudad y sus iconos.

  


En Regent St. Cinco plantas de juguetería. La diversión comienza en la misma puerta, donde suelen hacer animaciones para los peques. Dentro, un buen número de dependientes hacen demostraciones de los juguetes, teatrillos, shows... Tampoco te pierdas la reina Isabel de Lego, ni la sección de Star Wars que hay en el sótano, con un Kylo Ren empuñando su espada láser, también construído de Lego. 


  



La entrada principal está en Cromwell Road, pero hay otra en Exhibition Road en la que suele haber menos cola. Si llegas temprano, pide el backpack de explorador, aunque nosotros no lo hicimos y se lo pasaron de muerte. Las colas a primera hora son kilométricas, pero van muy rápidas, aunque nosotros llegamos alrededor de las 11´30 de la mañana y pasamos directamente. La entrada ya impresiona, unas escaleras mecánicas te meten en el centro de la Tierra para conocer los entresijos de los volcanes y los terremotos. Por cierto, si entras al supermercado japonés, podrás vivir un terremoto en vivo y en directo. Calcula que vas a tener que comer en el Museo, porque en una mañana es literalmente imposible verlo, más si vas con peques. Existen varias cafeterías por el Museo, en las que tomar un sándwich o una ensalada, puedes tomar una riquísima hamburguesa en el T-Rex Grill, el restaurante del Museo - nosotros comimos allí - o llevarte algo de casa e ir a la zona de picnic que hay en la planta baja. Pero lo que no os podéis perder de ninguna de las maneras es el Investigate Center. Al lado de la zona de picnic, se trata de un laboratorio para los más peques, en los que podrán realizar sus investigaciones científicas con piezas auténticas como distintos fósiles de animales, plantas, insectos, ejemplares marinos, minerales... Podrán tomar notas, mirarlos con el microscopio, pesarlos, medirlos y recibir las explicaciones y consejos de los investigadores profesionales que están allí para ayudarles. Todo ello en inglés, eso sí, pero son bastante pacientes para que hagáis de traductores a los peques. No hay que reservar, solo esperar en la puerta a que te den las instrucciones y normas de la sala de investigación. 

Investigate Center y entrada a la
exposición del Museo de Historia Natural


Diana Memorial Playground.

Está en Kensinton Gardens, pero no te confundas, no está cerca de The Serpentine, ese cutremonumento que se les ocurrió para homenajear a Lady Di que consiste básicamente en una acequia para meter los pies. Para encontrarlo, pon en Google Maps Broad Walk o directamente, Diana Memorial Playground. Está abierto hasta las 19´45 en verano (una hora menos en invierno) y hay monitores que hacen actividades con los niños. La entrada es gratuita, aunque está controlada por un guarda. No pueden entrar niños solos, como es lógico, pero tampoco pueden entrar adultos que no vayan acompañando a niños. Es más, si vais en grupo y entráis primero con los niños y el resto de adultos quieren entrar más tarde, tendréis que ir a la puerta a buscarlos. Los adultos que no vayan acompañando a niños que quieran visitar el parque pueden hacerlo de 9 a 10 de la mañana, una hoara antes de la apertura general ¿Y qué vais a encontrar allí? Pues tipis indios, un barco pirata de madera enorme, arena, riachuelos, tesoros, barcas colgantes... en fin, una fantasía inspirada en el mundo de Peter Pan que hará las delicias de niños y grandes.

Hacer el indio y pasarlo pirata: definición gráfica



          



Museo Británico.

Olvídate de verlo entero con niños, imposible. Si a un adulto a buen ritmo le llevaría un par de días o tres ver todas las piezas, con niños es inabarcable. Pero eso no quiere decir que no podáis disfrutar de lo más significativo y de aquello que a los niños les llama más la atención. Las momias es un ejemplo clarísimo de ello. A la entrada, en el Hall principal, podéis pedir unos cuadernillos de actividades para los niños (hay para diferentes edades y secciones del Museo). Como nosotros ya conocíamos el Museo de viajes anteriores, nos centramos exclusivamente en la parte de Egipto. Los cuadernillos que pedimos llevaban actividades como buscar momias de distintos animales o encontrar determinadas piezas.


A lo largo de todo el Museo podréis encontrar sesiones táctiles o hands on donde os permitirán tocar objetos reales, algunos con cientos de años de antigüedad. Además, los voluntarios del Museo - generalmente, profesores de Historia y de Arte ya jubilados - os explicarán con muchísima amabilidad la procedencia e historia de cada objeto. Podéis consultar las salas en las que se encuentran estas actividades aquí. No tenéis que reservar, solo buscarlas y esperar vuestro turno. Las explicaciones son en inglés, los objetos se pueden tocar de uno en uno y solo una persona por cada objeto y os recomiendo que seáis un poco prudentes con las fotos, aunque se pueden fotografiar todos los objetos, a los voluntarios no suele hacerle mucha gracia salir en ellas. 


Situada muy cerca del puente de Londres, es una de las visitas obligadas de la ciudad. En ella podremos ver las Joyas de la Corona, el lugar de ejecución de personajes tan ilustres como Ana Bolena, las armaduras de Enrique VIII y Carlos I de Inglaterra o los uniformes militares de los reyes del siglo XIX y XX. De todos los sitios que os he recomendado, este es el único que no es gratuito, pero la visita merece la pena. Si compráis la entrada online, os ahorraréis un 15%. Además, existe un pack familiar para dos adultos y hasta tres niños que cuesta 57´80 £ (también lo hay para un adulto y hasta tres niños por poco más de 40 libras). Los niños menores de cinco años no pagan. 



La Torre de Londres se compone de varios edificios y en todos ellos hay que hacer cola para entrar, normalmente en el patio exterior, así que os recomiendo encarecidamente que cuando vayáis a organizar vuestras visitas, tengáis muy en cuenta la previsión meteorológica. Nosotros no lo hicimos y nos pilló un aguacero enorme, con lo que nos perdimos la visita guiada que hacen los Yeoman o beefeaters, muy teatral y divertida (ya la habíamos visto anteriormente). Para los niños también podemos pedir unos cuadernillos a la entrada en los que aparecen unos personajes que los niños han de buscar por todo el recinto. En cualquier caso, en la Torre suelen hacer muchas actividades para niños y las podéis consultar en su página web. 


Como plus para los padres, os recomiendo ver el documental The Coronation antes de visitar las Joyas de la Corona. Os impactará ver la parafernalia y el simbolismo que rodea a la ceremonia de la Coronación en la monarquía británica y luego os hará mucha ilusión ver los objetos que se utilizan en la misma, aunque ya de por sí son una pasada, con tantas piedras preciosas y tanto dorado. Vamos, las Salazar serían felices allí. 



Joyas de la Corona. Imagen cortesía de Historic Royal Palaces

Además de estos, existen cientos de sitios que os encantará visitar en Londres, como Covent Garden, donde siempre hay algún espectáculo de magia, teatro o danza en la calle, Carnaby Street, muy colorida, Chinatown, Notting Hill... ¡lo difícil en Londres es aburrirse! 

Espero haberos ayudado un pelín a escoger los sitios que vais a visitar y ya sabéis, si os queda algo por ver, ¡siempre es buena idea volver a Londres!

¡Un abrazo chillao!
               


Read More

domingo, 19 de agosto de 2018

London calling (I). El transporte

Londres necesita pocas presentaciones, porque probablemente sea una de las ciudades más icónicas del mundo. Películas, canciones y nuestros propios libros de inglés del cole hacen que cuando visitas Londres por primera vez sientas que ya habías estado allí. Yo he viajado a Londres varias veces y cada una de ellas ha sido distinta a la anterior, pero quizá está última haya sido la más especial, porque he podido verlo a través de los ojos de mis hijos. Viajar a Londres con niños es, como ya os comenté por Instagram, bastante cómodo, porque la mayoría de los sitios tienen en cuenta a los pequeños turistas y están preparados para recibirles.
Hay decenas de blogs y webs que tienen una información buenísima sobre hoteles, transportes y actividades en Londres con niños, así que no voy a descubrir nada nuevo con este post, pero aún así, aquí os dejo mi experiencia por si os sirve de ayuda.

Para no hacer muy cansino y laaaargo el post, lo voy a dividir en varios posts más cortitos, empezando por el tema del transporte.

Lo más cómodo es, sin duda, alquilar un taxi que nos lleve desde el aeropuerto hasta el hotel, pero cuando vas con niños, corres el riesgo de que se te presenten sin sillitas de coche, sobre todo si vas con más de un niño. Existe la opción de ir en tren y para eso hay varias opciones, de las que personalmente conozco dos: Gatwick Express y Southern Railway. La primera te lleva desde el aeropuerto hasta la estación Victoria y la segunda hace paradas en distintas estaciones, como St Pancrás, Kings Cross, Paddington o Waterloo. Dependiendo de la zona en la que os alojéis, podeís buscar la estación que os pille más cerca, que seguro que hay alguna cerca, ya que en la ciudad de Londres hay ocho estaciones de tren principales. El coste de los billetes para dos adultos y dos niños es de unas 35£ , podéis comprar los billetes online y por los horarios no os tenéis que preocupar porque pasan cada diez minutos, aproximadamente. 

Foto cortesía de TripAdvisor
Una vez en Londres, lo mejor es conseguir una tarjeta Oyster (en cualquier estación de metro hay máquinas) y moverse en autobús. La tarjeta se recarga con un mínimo de 5£ y hay que dejar una fianza de otras 5£, que te proporcionan un viaje de emergencia si te has quedado sin saldo en la tarjeta. Cuando cancelas la tarjeta, te devuelven la fianza. El precio de cada billete de autobús con la Oyster es de 1,5£ con un máximo diario de 5£ (si coges más de cuatro autobuses al día, solo pagas los tres primeros y 0,50£ del cuarto, el resto son gratis). Además, si coges más de un autobús en una hora, solo pagas el primero. Los niños no pagan en ningún autobús. Por otro lado, si vas con carrito de bebé, no es necesario cerrarlo (a menos que no haya sitio, en cuyo caso te lo indicará el conductor), ya que hay un espacio reservado para sillas de ruedas y carritos de bebé. 


Y mucha atención a esto que te voy a decir ahora: NI SE TE OCURRA COGER UN HOP ON - HOP OFF, es decir, esos autobuses turísticos descubiertos, que te va a costarr un mínimo de 30£ por adulto; la línea 15 sale de la Torre de Londres, pasa por Trafalgar Square, Catedral de San Pablo y Picadilly, desde donde puedes coger el 148 que te llevará a Hyde Park, Buckhingham Palace, Westminster Abbey y el Big Ben (está en obras hasta el 2021, así que si vas antes, solo verás un montón de andamios). La línea 159 también hace un recorrido similar. 

En cualquier caso, aunque Londres es una ciudad enorme, mi consejo es que combinéis el bus con el pateo de la ciudad. Londres es mucho más que la Abadía de Westminster, el Big Ben o Trafalgar Square y la mejor manera de conocerla es, sin duda, paseando por sus calles, si el tiempo lo permite.

En el próximo post os cuento los sitios que sí o sí hay que visitar con peques.

¡Un abrazo chillao!
Read More

jueves, 26 de julio de 2018

Querida Adriana

Hace seis años, Adriana Abenia, una presentadora y autora de una novela, según se define ella misma en su bio de Instagram, escribía una suerte de artículo titulado "Lactancia, ¿hasta cuándo?" en un medio digital. El artículo, planteado así, no debería haber tenido más de una línea: hasta que la madre y el hijo quieran. Fin. Pero como las opiniones son como los culos, que todos tenemos el nuestro, Adriana desarrolló un poco más la idea.
Así, la muchacha, perpetró una "redacción" - me niego a llamar a eso artículo, por respeto al gremio periodístico - no exenta de faltas de ortografía en la que bromeaba con cosas como el precio del cartón de leche o padres succionando el pecho de las madres recién paridas. Todo muy elegante y divertido. 
Pero la cosa mejoraba por momentos y cómo no, Adriana también tenía una opinión sobre la lactancia en público. Consideraba, según sus propias palabras, que la lactancia es un acto que requiere de privacidad e intimidad, básicamente porque a ella le incomoda ver cómo una madre alimenta a su bebé. Háztelo mirar, Adriana, primer aviso. 
En su insigne opinión, las mujeres que amamantan en público lo hacen llevadas por un afán de demostrar lo buenas madres que son aireando los pechos en mitad del gentío contra viento y marea (sic). Claro, con esta premisa, ya nos advierte de que si encontrándonos en el trance de estar dando el pecho a nuestro bebé, el salido de turno nos observa con detenimiento, nada de quejarnos, porque está en su derecho, es la calle (sic también). ¿Cóóóóómo? ¿Justificando el acoso callejero argumentando que la mujer ha hecho algo tan provocativo como dar de mamar a su hijo? Háztelo mirar, Adriana, segundo aviso. 
Para finalizar el despropósito, Adriana nos informa que tal vez lo suyo es un trauma infantil provocado porque de pequeña veía "mendigas" con los niños en brazos, asociando así la lactancia materna a las clases desfavorecidas en un ejercicio sublime de clasismo y obviando por completo los estudios que relacionan un nivel cultural más alto con la elección de la lactancia materna como modo de alimentación de los hijos. Háztelo mirar, Adriana, tercer y último aviso. 
Supongo que en su momento, el artículo surtió el efecto deseado, es decir, que hablen de uno, aunque sean pestes, aunque quizá no calculó bien los riesgos y las repercusiones negativas del mismo la persiguieron años después. Tal vez por eso, en 2016 nos honró con una entrada extraordinaria en su blog (sic)  en la que, básicamente, nos dice que oye, que ella escribió aquella cosa el artículo por las risas y con todo su cariño, que no hay que ponerse así, que le han dicho barbaridades. Que lo único que dijo es que le resutaba "extraño" ver a una madre amamantar a un niño mayor de dos años. Solo que en vez de "extraño", ella usó la palabra "consternada". Minucias. 
En definitiva, que ella no quería ofender a nadie, que estemos tranquilas, que no se va a asustar si nos ve a alguna dando de mamar y que quizá, hasta nos regale una cariñosa sonrisa. Joder, Adri, tía, gracias, era justo lo que necesitaba oír. Si es que eres más maja... 
Total, que finaliza la "disculpa" pidiendo respeto y libertad para todas.¡Tócate los huevos, Manuel! 
A mí llamadme loca, pero quizá un "no tenía ni pajolera idea de lo que estaba hablando, metí la pata hasta el cuello y dije unas sandeces sin sentido como la Catedral de Burgos de grandes" me hubiera parecido más acorde con la situación. 
Pero hete aquí que la protagonista de nuestro relato se queda embarazada y da a luz una niña, no sin antes compartir un buen puñado de fotos embarazada, algunas semidesnuda. Que si luego un pervertido las coge y las usa para ya te diré yo qué, está en su derecho, ¿no, Adriana? Porque de todos es sabido que la ducha, a diferencia de la lactancia, no es un momento que requiera ni privacidad, ni de intimidad y por eso lo más normal es compartir esta foto con más de 200.000 seguidores. También es lo más normal del mundo estar en monitores sin más atuendo que un sujetador de encaje y, sobre todo, fotografiarte para que te vean de esa guisa otros tantos individuos. 


Personalmente, no tengo nada en contra de que cada mujer publique en sus redes sociales lo que le venga en gana, de la misma manera que soy firme defensora de que todas las mujeres se vistan o desvistan como consideren oportuno, sin que ello suponga una invitación, oferta o provocación para que se les haga algo que no deseen. No es no y si no es sí, también es no. Lo que no me cabe en la cabeza es qué mecanismo mental es el que te lleva al convencimiento de que mostrarte al mundo desnuda o semidesnuda es tu derecho, algo digno de compartir con todos, y sin embargo, la lactancia materna es algo privado e íntimo porque puede ofender o molestar al prójimo. Y ojo, el problema no es exclusivo de esta señora. Cada vez que surge el tema en redes sociales, foros o en la cafetería del barrio, siempre hay voces que se alzan clamando por la intimidad y la privacidad que requiere la lactancia, como si COMER fuera algo que debiera permanecer oculto a los ojos de la sociedad. 
Soy consciente de que muchas madres que optan por el biberón, por decisión personal o por condicionantes externos o médicos, son juzgadas y criticadas por otras mujeres que no demuestran ninguna empatía. Pero también soy consciente de que no hay ni un solo caso de mujeres expulsadas de sitios públicos por dar el biberón, así como de que nadie dice de ellas que dan el biberón en público para demostrar lo buenas madres que son. 
Así que, querida Adriana, quizá no estaría de más que te retractases DE VERDAD de aquellas desafortunadas palabras que dejaste escritas - y que siguen publicadas, a pesar de que hayas pedido que retiren la publicación - y que pienses que, de aquí en adelante, todo lo que publiques sobre tu hija se va a someter a escrutinio público. Que si sales dándole pecho, te recordarán aquellas palabras; si le das biberón, también. Que si la llevas en mochila, te dirán que el fular es mejor; si la llevas en fular, te dirán que no lo llevas bien amarrado. Que si le das galletas, te dirán que la estás atiborrando de azúcar; si no la dejas comer chuches jamás, que le estás amargando la infancia. Y tendrás que tener cintura y aceptar las críticas y las opiniones de todo el mundo, porque a fin de cuentas, un día tú también opinaste sin tener ni puñetera idea. 
Read More

lunes, 9 de abril de 2018

Welcome to Wonderland!

Lo sé, lo sé, voy tarde. Hace ya más de dos semanas del cumple de Pilar y os prometí subir el post lo antes posible, pero entre las vacaciones de Semana Santa, las de las Fiestas de Primavera (sí, aquí tenemos dos semanas de vacaciones, no me odiéis por ello) y compromisos varios, no he tenido tiempo de hacerlo antes.

Como ya os conté por Instagram, el tema del cumple de este año de Pilar ha sido Alicia en el País de las Maravillas. Yo, encantadísima, porque es una de mis pelis favoritas. ¡Cómo no me iba a gustar con ese pedazo de argumento! Una niña, harta de oír los rollos de su hermana sobre la historia de España se entretiene en perseguir a un conejo blanco al que se le hace tarde para todo y acaba cayendo en una espiral de drogas alucinógenas que le hacen ver morsas que comen ostras, flores que cantan, orugas que fuman, cartas que pintan rosas y reinas de corazones que se ponen por medio para que la cría no salga en la foto. O no, espera, que esto era de otra cosa.

El caso es que yo soy de venirme muy arriba, ya lo sabéis y en cada uno de los cumpleaños de los descendientes, la lío y me lío. El año pasado, Pilar tuvo un cumpleaños trolstástico, cine en casa incluído, Paula montó una fiesta de bailarinas que ríete tú del ballet del Covent Garden y Ángel se lo pasó pirata en su fiesta de ídem, para la cual conseguimos hasta un barco-piscina.

Para no enrollarme mucho, os dejo algunas de las fotos de la decoración que preparé, con estas manitas que dios me ha dado y con mucha ayuda de Pinterest, eso sí.

Las tazas de la fiesta del té las hice con tazas y platos de plástico viejos que tenía por casa, pintadas con acrílico y decoradas con diamantes, pegatinas y plumas, todo de los chinos. Luego las pegué entre sí con pegamento superfuerte, tipo Loctite.


Las coloqué encima de la mesa, donde usé platos y vasos de plástico de color menta, amarillo y rosa y servilletas y camino de mesa de corazones de Tiger (todo comprado en fechas cercanas a San Valentín). 



Para las botellas hice unas etiquetas muy ad hoc que podéis descargar aquí. Sólo tenéis que imprimirlas en papel adhesivo A4, recortarlas y pegarlas en las botellas. 

En cuanto al resto de la decoración, no podian faltar las cartas soldado. En principio iban a ser ocho y las iba a colocar muy monas, en el suelo, de pie, sujetadas por unos cartones y tal. Luego me acordé de que venían diecisiete niños a merendar y a jugar y volví al mundo real. Que sí, que en la foto hubieran quedado ideales, pero yo lo de estar día y medio trabajando para hacer una foto, no lo veo. Así que finalmente decidí colocar un telón de papel crespón de color verde y poner una carta a cada lado y el nombre de la cumpleañera en el centro. 



Como sé que os encantó lo del nombre, os dejo aquí todas las letras para que podáis colocar el que queráis.

Pincha aquí para descargar todas las letras en negro
Pincha aquí para descargar todas las letras en rojo

Otra cosa que también triunfó como la cocacola fue las flechas con mensajes. De hecho, lo hemos dejado de decoración permanente porque a mis hijos les encanta. 


Aquí puedes descargar los archivos para hacerlo tú misma. Simplemente tienes que imprimir cada uno de ellos en una cartulina de color y recortarlo. Luego los pegas en un listón de madera, añades en lo alto al gato Risón y los pones en un macetero sujeto con piedras. ¡Dime que no mola!

También les hice los disfraces a mis hijos. El de Pilar, de Alicia, ya lo tenía de hace unos años, en carnaval. El de Reina de Corazones lo improvisé con un tutu rojo, unos corazones de fieltro y una diadema-corona de gomaeva. También hice el de Conejo Blanco con dos planchas de fieltro blanco, un corazon en cada una de ellas, un reloj de goma eva y unas orejas, pero el interfecto que  lo llevaba puesto, también conocido como mi hijo pequeño, corría más que yo con la cámara.



Para acabar, obsequiamos a nuestros invitados con unas Alicias y unos Sombrereros Locos de fieltro hechos por mí. No os puedo dejar patrones porque los hice a ojo, pero os dejo foto por si queréis tratar de sacarlos o si queréis encargar unos (este u otro modelo) podéis poneros en contacto conmigo a través de un mensaje privado en mi Instagram y lo vemos.



Y con esto y un bizcocho (bueno, realidad fue una tarta de bizcocho y nocilla, cuya receta tenéis en mis stories destacados de Instagram), os dejo, que yo, como el Conejo Blanco, ¡llego tarde!


Read More

martes, 6 de marzo de 2018

Mi niño no me come

Llevo ya un tiempo con un runrún en la cabeza que no me deja pensar con claridad. Yo no soy mucho de obsesionarme, ni de comerme el tarro, pero esto no me lo quito de la mente. A mí con mis hijos, me han timado. 

Así mismo te lo digo. 

Yo oigo hablar a otras madres de sus hijos, que duermen solos, que no ponen enredos y que no gritan nunca y pienso, ¿y a mí por qué me han tocado los que se pasan la noche metiéndose en mi cama, los que juegan a desvalijar pisos y los que se acuestan roncos cada noche de lo que chillan? A ver, ¿POR QUÉ?

Esto tiene que tratarse de un error o de mucha mala suerte, porque tres que tengo, tres que me han salido ranas. Oye, que no hay día que no les tenga que amenazar con coger la puerta e irme al Caribe (no me preguntéis para qué quiere una madre una puerta en el Caribe, pero todas amenzamos con llevárnosla). 


Pero lo que más me escama a mí del tema, lo que no me creo yo ni borracha de fanta es cuando una madre me dice "ah, pues mi hijo come de todo". Vamos a ver. Los niños "que comen de todo divinamente" son como esos adultos (adultas en su mayoría) que pueden comer lo que quieran y no engordar nada, o sea, seres mitológicos salidos de la imaginación de vaya usted a saber quien. Vamos, que a otro perro con ese hueso.

Tengo yo la teoría (ya os he contado en alguna ocasión que yo soy mucho de tener teorías) de que desde el principio de los tiempos, los niños han sido unos milindres con la comida. Yo me imagino esa familia de trogloditas en su cueva, esa madre histérica porque el niño le ha pintado unos mamuts en la pared que no los quita ni Don Limpio y ese niño pegando gritos porque el bisonte se le hace bola y tiene hebras. Qué estampa tan idílica.



Como iba diciendo, que los niños pongan problemas a la hora de comer ha sucedido desde que el mundo es mundo. Lo único que ha cambiado es la forma en la los padres gestionan este asunto. Cuando yo era pequeña, tendría yo unos cinco o seis años, odiaba con todas mis fuerzas las espinacas. Ya podía decirme mi madre que me iba a poner tan fuerte como Popeye que me daba exactamente igual. Total, yo quería ser Candy Candy, no ese marinero tuerto con un brazo tremendamente desproporcionado. Pues bien, uno de esos días en los que mi madre consideró que debía comer eso que tanto asco me daba, yo empecé a llorar, a patalear, "no me bussssta". Mi madre me cogió en brazos, me sentó en su regazo, pero lejos de darme un beso o explicarme que debía comer verduras por mi bien y que si no me gustaban, otro día podría elegir yo el menú, me arreó una cucharada de espinacas en toda la boca.

"Que me da mucho asco", dije yo, entre sollozos, "que te lo comas, que llegas tarde al colegio", dijo mi madre, dejando bien claro que a ella, eso de razonar y respetar mis deseos se la traía bastante al fresco.



Y a todo esto, salido de la nada, apareció mi padre en forma de ¡FLASH! El tío me hizo una foto, sentada en brazos de mi madre, con una servilleta de tela a modo de babero, justo en el momento en el que mi madre atacaba de nuevo con otra cucharada de espinacas.

Madre mía, la foto. MADRE MÍA LA FOTO. Esa foto me estuvo persiguiendo hasta casi la adolescencia. Una vez revelada, la foto fue confiscada en un armario de la cocina y sobre mí pesaba la amenaza de que si seguía dando por saco para comer y haciendo el chorra con el "se me hace bola", "no me gusta" o "me da angustia", la foto vería la luz en tamaño 30x25 en el tablón de anuncios de mi clase. Imaginen ustedes el drama.

A día de hoy, aquel incidente no me ha supuesto ningún trauma, me encantan las espinacas y soy de esas adultas que come de todo, y a las que todo, todo les engorda. Sin embargo, parece ser que no aprendí nada de las técnicas de negociación de mis padres.

Pero como hoy en día el chantaje emocional y la persuasión bajo amenaza de hundir la reputación escolar está muy mal vistahe tenido que aplicar otros métodos: pedirles por favor que coman, los alimentos con formas (hamburguesas de Mickey, figuritas de merluza, galletas de dinosaurios...), amenzarles con no dejarles ver el móvil/tele/tablet... Y los resultados pueden ser de dos tipos; a saber, si les da la gana se los comen, y si no, no. Vamos, que tampoco tengo muy perfeccionado el tema, como veis.

En mi búsqueda del Santo Grial para tener hijos biencomedores, me he dado cuenta de varias cosas. En primer lugar, el 99% de las madres pensamos que nuestros hijos comen poco. Estoy segura de que la madre del Piraña de Verano Azul estaba convencida de que su chiquitín comía poco. Pero la realidad es que nuestros niños comen más de lo que pensamos. Un poco de pan aquí, un trocito de jamón allá, la bolsa de gusanitos que el abuelo le ha dado sin que te enteres, las galletas que la abuela le ha ido dando a trocitos entre medias... El estómago de los niños es realmente pequeño y cuesta poco llenarlo, así que antes de pensar que tu hijo ha comido poco, recapacita y piensa si en realidad es así.

Por otro lado, ya lo decía mi abuelo, "no comer por haber comido no es mal de morir". Vamos, que si tu hijo se siente inspirado a la hora de merendar y te acepta jamón york, queso, alguna fruta y un yogur, dáselo. Y si luego no cena, que no cene. A veces nos empeñamos en que coman lo que ponemos en el plato, a la hora que lo ponemos y la cantidad que ponemos, cuando quizá a otra hora, en otro sitio, u otro alimento sería más apropiado. Así que aprovecha cuando lo veas receptivo, aunque sean las seis de la tarde y tú creas que debe cenar a las ocho.



Tema televisión. Oficialmente, los niños deben comer sin televisión, sin canciones, sin distracciones y sin monerías. Ja. JA JA JA.  Esperen un momento que voy a mearme de la risa y ahora vuelvo. El avioncito, el esta por mamá, el móvil con Pocoyo y el mamá haciendo el pino puente forman parte de nuestro día a día. Que sí, que vale, que está fatal. Pero una madre con una crisis nerviosa y un niño con un plato de comida puesto por sombrero tampoco es una cosa muy agradable de ver, digo yo. Así que si el niño come con Pocoyo, pues le ponemos a Pocoyo otro plato y andando. Aunque negaré haber dicho esto en presencia de un juez.

Yo usé un truco que está remal, pero funciona. A mi mediana le encantaban los gusanitos, así que para darle de comer, cogía un gusanito, se lo enseñaba y cuando abría la boca, zasca, cucharada de puré.  Lo sé, está muy mal, nutricionalmente es una mierda y psicológicamente también, pero funcionó. Y con casi seis años ya come sin gusanitos. 

Otro truco, para cuando ya son un poco más mayorcitos, con un par de años, es dejarles ayudarte a preparar el menú. Elegir lo que van a comer, ir a comprar, cocinar... Si les implicas en este proceso, suelen tener un poco de vergüenza torera y comen. Y permíteles elegir de verdad, si te dicen que no les gusta, por ejemplo, el pimiento, no te empeñes en que coman pimiento, prueba con otras verduras que alguna habrá que les guste. Yo misma como una reducida variedad de pescado, porque me horroriza en su mayoría, pero mínimo dos veces por semana cae dorada, trucha, mújol, lubina o boquerón. Pero de la merluza, el atún, el emperador, la sardina... ni me hables, que gomito.

Ya sé lo que me van a decir algunas, que estas no son formas de enseñar a un niño a comer, que si los trocitos de alimentos, que si los niños saben lo que necesitan y no hay que forzar, blablablá. Correcto. Pero cuando una ve que su hijo ha pasado el día con medio yogur y dos trozos de manzana, se desespera. Y mucho. Así que antes de poner el grito en el cielo, ponte en un lugar de una madre que ha llorado al ver a su hija comerse un plato de comida entero.


Read More

Mis novelas

Mis novelas
Nosotros, en singular, se dice tú y yo

Si sentara la cabeza, pensaría con el culo

Buscar este blog

Asivemoselhola

Por si quieres ver lo que nos contamos por Instagram en Asivemoselhola
Instagram

Paulamgram

Si te quieres pasar por mi perfil de Instagram...
Instagram

Entradas más leídas

Copyright © Así mismo te lo digo | Powered by Blogger
Design by Lizard Themes | Blogger Theme by Lasantha - PremiumBloggerTemplates.com