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domingo, 5 de julio de 2020

De caballos, barcos y camisas recicladas

Queridos y queridas, lo prometido es deuda y una vez he acabado con mis informes de fin de curso, la memoria, las actas, las evaluaciones y demás papeleo educativo, vamos con este primer post de Asivemoselhola formato desplegable. Si pincháis en los créditos de cada foto, podéis visitar las webs y ampliar la noticia.

Desde la portada, Tamara Falcó nos sonríe y nos informa que no es marquesa hasta que el rey no lo decida. Fíjate, eso lo tenemos en común, el rey tampoco se ha decidido a hacerme marquesa a mí y aquí estoy, esperando a ver si tiene el hombre un minutillo. Estará liado con la gira esta que llevan entre manos, pero seguro que a la vuelta me da la sorpresa. 

En la sección de millonarios random nos presentan a Álvaro Domecq, quien fue director de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre de Jerez y a la que ha vuelto como director honorífico. La verdad es que el reportaje es precioso, Álvaro posando con su caballo en el salón, con su caballo mirando por la ventana... Echo de menos una con el caballo cocinando y otra descalzos sobre el sofá, dos clásicos de esta sección que hubieran hecho las delicias del público, sin duda.

D. Álvaro Domecq posando con uno de sus caballos, desconozco si es el mismo que el protagonista del reportaje.
Foto: Diario de Jerez
De Jerez nos vamos a Mónaco, primero con Alexandra de Hannover, que se han ido a navegar en el Pachá III con su novio Ben-Sylvester Strautmann. ¿Y cómo titula el Hola el reportaje? Pues lógicamente "Un noviazgo a toda vela". Mirad lo que os digo, yo creo que Hola tiene un generador automático de titulares, en los que tú metes tres o cuatro palabras clave y te devuelve el titular. Por ejemplo, tú pones "Alexandra Hannover + novio + barco", le das a click y toma, noviazgo a toda vela. Pones "Preysler + lo que sea", y te sale "El secreto de su eterna juventud". Pones "Terelu" y automáticamente te sale "Su entrevista más sincera".

Y de Alexandra, pasamos a su cuñada, Beatrice Borromeo, a la que Hola otorga el título de "joya de los Grimaldi". A ver. Ya son ganas de malmeter. Es que yo me pongo en el lugar de Alexandra, de Carlota, o de las hijas de Estefanía y me herviría mi sangre Grimaldi, esa de la que Beatrice no tiene ni gota. La cuestión es que Beatrice ha abandonado su anonimato (sic) para convertirse en embajadora de una marca de joyas. De ahí el juego de palabras. Muerto te quedas, ¿eh?

Beatrice Borromeo, joya de los Grimaldi. Y que le den a las cuñadas.
Foto: Instagram Beatrice Borromeo
Siguiendo con nuestro periplo, de Mónaco nos vamos a Holanda, donde los reyes inauguran su verano estrenando un barquito de dos millones de euros. En principio ellos se habían callado la compra del barco, porque ya sabéis cómo son estas cosas, los amigos se enteran de que tienes barco y con el rollo de "venga, que nosotros pagamos la gasolina y llevamos aperitivo", te pasas el verano dando vueltas. Pero resulta que el tiro les ha salido por la culata, porque un tipo los vio, les hizo una foto, la subió a Twitter y ¡hala! ya se ha enterao todo el mundo. Si es que ya es mala suerte.

El barco de los reyes holandeses, un utilitario
Foto: La Nación
Vámonos ahora a los Hamptons, donde Sarah Jessica Parker y su marido, Matthew Broderick están pasando las vacaciones. Nos dice ¡Hola! que los años no pasan por Carrie Bradshaw, su alter ego en Sexo en Nueva York, del que no se va a librar en la vida. Y claro, todo tiene su explicación, porque si por SJP no pasan los años es porque se los queda todos Matthew. O quizá sea que Matthew no pasa por el bisturí tanto como su señora. 

Matthew, un señor normal de 58 años y su señora, SJP una señora de 55 años que está estupenda.
Foto: La Nación
Y empezamos con los dramas. La cuarentena ha sido dura y la postcuarentena va a ser terrible, a no ser que seas abogado matrimonialista, que entonces te vas a hacer de oro. Fiona Ferrer y su novio, un señor llamado Javier Fal-Conde, lo han dejado. Por teléfono. Me consuela que ¡Hola! aclara que hablaron, porque si llega a ser por whatsapp, yo no levanto cabeza. Bastante tengo con lo de que Enrique y Paloma hayan anunciado su divorcio en Semana, y no por el divorcio que me suda un pie, sino por lo de que haya sido en Semana. El mundo se va al carajo. 

Los Windsor jóvenes también han tenido aventuras estos días. Meghan y Harry, en Los Ángeles, han colaborado con una organización que ayuda a los jóvenes que han estado en prisión a reinsertarse en la sociedad. Con su mascarilla, su redecilla y toda la pesca, nos creemos que son Harry y Meghan porque nos lo dice el ¡Hola! y el ¡Hola! nunca miente, pero podría ser cualquiera. Es lo bueno de estos nuevos outfits, que si no te apetece ir a algún sarao, contratas a un doble, le pones la mascarilla y tú, a tumbarte a la bartola. Por cierto, que los Sussex ya le pueden llamar a su fundación Archewell, en honor a su hijo Archie, porque resulta que la Oficina de Patentes y Marcas de EEUU estimó que el nombre ese no daba mucha información sobre el objeto social de la asociación. Bueno, por eso y porque al parecer, se les había pasado pagar unas tasas, lo que tampoco es tan grave si tenemos en cuenta que muy acostumbrado a pagar no tiene que estar mi Harry.

(Dicen ser) Harry y Meghan, con las manos en la masa
Foto: Instagram Homeboy Industries
Por otro lado, Kate se ha ido a plantar un árbol a un hospicio infantil y ha metido las manos en la tierra, sin miedo a las lombrices y a que se le meta la tierra por las uñas. No todas las heroínas llevan capa.
Como Kate lleva un vestido de flores, el generador automático de titulares de Hola ha titulado "Su verano más floral"
Foto: Vanity Fair
Nos volvemos a casa con nuestros royals, que están de gira, no sabemos si de despedida. Claro, después de cuatro meses encerrados en casa, normal que tuvieran ganas de airearse. Y nos enteramos también de una primicia, una noticia que podría cambiar el devenir de la historia: Sofía se pone la ropa de su madre. ¿Cómo te quedas? Yo, la verdad, no me lo creo. Más que nada, porque Letizia debe llevar una talla 10-11 de Zara Kids y Sofía llevará por lo menos la 14. Y otra cosa, aún más impactante si cabe. Leonor recicló una camisa de lunares. Traducido al lenguaje de la plebe, es que la zagala se la puso un día, y luego se la puso otra vez, pero debe ser que ellas están acostumbradas a ponerse la ropa una vez y tirarla.
Leonor y su camisa reciclada (en español, usada más de una vez)
Foto: Casa de S. M. el Rey
Y acabamos este primer post de esta nueva andadura de Asivemoselhola con Mar Torres, que ha cumplido veintidós años y lo ha celebrado por todo lo alto en Marbella (aunque ahora la muchacha se ha venido a La Manga). Dice ¡Hola! que la influencer (¿?) está totalmente dedicada a su carrera, lo que no nos dice es qué carrera es.
La nieta del dueño de El Pozo, haciéndose una foto en lo que bien podría ser un colchón que han abandonado en la calle
Foto: Instagram Mar Torres

Y hasta aquí hemos llegado. ¡Estad atentos que esta semana anunciaré en Instagram novedades que cambiarán vuestras vidas!


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miércoles, 1 de julio de 2020

Capítulo 6. Margarita, la princesa del escándado (Parte II)

Habíamos dejado a Margarita echando cuentas de si le convenía casarse con Peter, pero por muchas vueltas que le daba, la declaración de la renta le salía a pagar a la muchacha, así que le dijo "te lo agradezco, Peter, pero no". Que ella estaría muy enamorada y todo lo que tú quieras, pero tanto como para renunciar a su familia, a su título nobiliario, a que le llevasen todos los días de tu vida el desayuno a la cama y a un sueldazo nescafé (y no necesariamente en ese orden de importancia), a lo mejor no.
"A mí es que lo de que me quitéis la Visa ahora, me viene regular, la verdad"
En conclusión, que aunque Margarita tenía el apoyo del pueblo para casarse con Peter, se lo pensó mejor e hizo un anuncio a toda Gran Bretaña: sus responsabilidades como miembro de la familia real y como cristiana estaban por delante del amor que sentía por Peter, así que renunciaba a casarse con él.

Para pasar el trago, Margarita hizo lo que haría cualquier soltera: irse de fiesta. Alternaba eventos oficiales, con puestas de largo, recepciones y bodas de amigos, que era lo que por edad más cerca le venía y lo que más le tocaba la moral, probablemente porque siempre le venía la típica cansina con aquello, de "bueno, y tú, ¿para cuándo?", una pregunta que si acabas de renunciar a casarte con el amor de tu vida, pues igual te joroba un poco.

Una de esas bodas a las que la invitaron fue la de Lady Anne Coke (sin relación con la bebida, que sepamos) y Colin Tennant, barón de Glenconner. Ella fue sin muchas ganas, las cosas como son, pero se vino a fijar en el muchacho que hacía las fotos, que estaba de muy buen ver y le estaba poniendo ojitos. El zagal en cuestión era Anthony Armstrong - Jones, un fotógrafo con fama de rompebragas y reputación más que cuestionable. Modelo a la que le hacía un reportaje, modelo a la que le enseñaba el teleobjetivo. A ella le hizo tilín, a pesar de que en un primer momento pensaba que era homosexual - en realidad, Anthony era bisexual - así que empezaron a quedar con mucha frecuencia, pero en el más absoluto de los secretos. Claro, como iban de un lado para otro en moto, con el casco puesto y quemando rueda, pues nadie se dio cuenta que la que iba de paquete era la mismísima hermana de la reina.

"Marga, nena, échale un ojo al fotógrafo, a ver qué te parece"
En esa moto no iban a otro sitio que al piso que Tony había alquilado como estudio (guiño, guiño) pero que básicamente utilizaban para lo que ya todos nos estamos imaginando. Coincidió que Margarita tenía que renovar su retrato oficial, algo así como cuando al resto de los mortales nos caduca el deneí y te haces una foto en el fotomatón de al lado de comisaría, pero que en su caso, al ser princesa, pues llevaba un poco más de trabajo. Claro, si te estás haciendo arrumacos con un fotógrafo, queda feo que le digas que esta tarde no puedes quedar, que te tienes que ir a hacer unas fotos, así que por una vez, Peter usó el picadero para lo que se suponía que lo tenía: para hacer fotos. Por lo que sea, Margarita acabó posando para Tony desnuda de cintura para arriba y casi acaba mandando la foto al palacio, aunque finalmente decidieron guardarla. Años después, la foto saldría a la luz y fuentes de Palacio se apresurarían a asegurar que esa foto se tomó en 1967, cuando la princesa ya estaba casada con Tony, pero la cosa no coló.

"Hombre, igual para un sello de correos no es, pero como foto de perfil del Insta me viene de lujo"
Total, que llega 1960 y el Buckingham anuncia que Margarita y Anthony, Tony para los amigos, se casan. Muerta te quedas, el primer plebeyo que se casaba con alguien de la casa real británica en 400 años, ná pal caso. Y, a ver, muy bien la cosa no sentó entre las estiradas y rancias casas reales europeas, porque solo la danesa mandó representación a aquella boda. Pero ojo, que también puede ser que se vieran venir el panorama y que dijeran que para lo que iban a durar, no hacían el gasto. Desencaminados no iban, porque la primera hija de Tony, extramatrimonial obviamente, nació mientras él estaba en Bahamas de luna de miel, aunque no la reconoció hasta cuarenta y cuatro años después.

Tras su boda, Margarita conoció a todo el faranduleo a través de Tony y se hicieron muy amigos de Peter Sellers y su señora. Bueno, para decir la verdad, se cuenta que tuvieron algo más que amistad y que compartían unos raticos muy agradables. Hicieron hasta una peli juntos, que no dura más de diez minutos pero que ya os digo yo que en el presupuesto había un apartado para agua con misterio y otro para gominolas, porque tela.


Tony y Margarita tuvieron dos hijos, que a menudo dejaban con la tita Sumaje para irse de viajes oficiales y de cachondeo. Uno de los viajes más sonados que hicieron fue a EEUU, concretamente a California. Durante ese viaje, la princesa Margarita dio por primera vez una rueda de prensa, porque hasta entonces lo que se estilaba es que la familia real diese comunicados, pero sin preguntas ni nada. Sin embargo, con el viaje de Margarita, la casa real trataba de dar una imagen de renovada modernidad. Se hospedaron en el Hotel Beverly Hills y un productor los agasajó con una cena a la que invitó a lo más granado de Hollywood, entre otros, a Frank Sinatra, Mía Farrow, Liz Taylor y Richard Burton. A estos dos no los colocaron en la mesa presidencial y cuando se dieron cuenta, se largaron sin cenar porque les supo a cuerno quemado. Cosas de las estrellas.

"Yo es que soy más de los Rolling, de Mick Jagger en concreto, la verdad"
Aunque a Tony al principio le iba lo de ser royal, de todo se cansa uno en la vida, así que poco a poco, dejó de hacer cosas protocolarias y de acompañar a Margarita en los actos oficiales. Como pasaban poco tiempo juntos, Tony empezó a distraerse con otras cosas e hizo suya la frase "ave que vuela, a la cazuela", poniéndole los cuernos a Margarita con todo lo que se me meneaba. Cuando ella se lo echó en cara, él le dijo que cero dramas, que hiciera ella lo mismo, pero ay, amigo, cuando Margarita le puso los cuernos a él, bien del todo no le sentó y Margarita terminó por dejar a su amante.
"Hola, soy Troy McClure, tal vez me recuerden de películas como "Margarita, lo que te dije del amante iba en broma"
Sí, Margarita cortó toda relación con su amante porque a pesar de todas las infidelidades de Tony, Margarita estaba profundamente enamorada de él y de todo lo que él representaba: modernidad, vida bohemia, farándula... Así que cuando su marido le pidió que dejara a su amante, ella lo hizo sin duda, pues salvar su matrimonio era su prioridad. Se conoce que no tenía a nadie cerca que le dijera "amiga, date cuenta" y la pobre creía que aún había algo que salvar.

En el próximo capítulo os cuento cómo y cuándo llegó el divorcio y qué hay de cierto en los rumores que dicen que Margarita tenía cierta "simpatía por el diablo".


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miércoles, 17 de junio de 2020

Capítulo 6. Margarita, la princesa del escándalo (parte I)

Margarita fue la segunda hija del entonces duque de York, Bertie, el mismo que vimos en el capítulo anterior convertirse en Jorge VI por obra y gracia del encoñamiento de su hermano con una divorciada (¿alguien puede leer esto sin oír la voz de Peñafiel?). No nació para ser ni hija de rey, ni hermana de reina, pero en la tómbola del mundo, ella tuvo esa suerte.
Su infancia transcurrió entre el palacio de Buckingham y el de Windsor y aunque tanto ella como su hermana fueron educadas por una institutriz, su madre estaba muy encima de ellas, pues quería que sus hijas fueran algo más que unas niñas repipis de la alta sociedad cuya meta en la vida fuera casarse bien. No sabía la pobre Reina Madre lo que se les venía encima.

"Ay, Bertie, qué a gustico estamos aquí, menos mal que el rey es tu hermano, Dios lo guarde muchos años"
Pero como ya sabemos todos, a Bertie le tocó comerse el marrón de ser rey, a Elisabeth madre, el de ser reina y a la Elisabeth hija, ser Sumaje. Como os podréis imaginar, todo el mundo se volcó con la educación de Isabel, al fin y al cabo, era la heredera. ¿Y qué pasó con Margarita?  Pues que hacía lo que le salía de la peineta. Su padre se veía totalmente reflejado en ella, por aquello de que los dos eran los segundones en una familia en la que ser el primogénito te marcaba de por vida. Total, que si había coles de bruselas para la cena y a la niña se le antojaba tomarse un tigretón, pues la zagala se tomaba un tigretón y de postre, una pantera rosa.

"Voy aprendiendo el oficio / olvidando el porvenir
Me quejo solo de vicio / Maneras de vivir"
El caso es que a la criatura se le antojaban las cosas normales que se le antojan a las princesas y que nosotros no comprendemos porque somos plebe, hasta que un día, al cumplir los diecisiete años... No, no se pinchó con el huso de una rueca y se murió, fue casi peor que eso. Conoció a Peter Townsend, un capitán de la Royal Air Force, oficial al servicio de su padre, quince años mayor que ella, casado y con dos hijos. Sobra decir que no era lo que podríamos llamar el yerno perfecto, ni el novio que toda madre desearía para su hija, con independencia de que una sea reina o no.

"Escúchame, compréndelo, es imposible nuestro amor"
Si Peter hubiera sido un tío normal, aquí paz y después gloria, la niña se hubiera enamorado de algún backstreetboy y a otra cosa, mariposa. Pero no, Peter venía con tara de fábrica y le dio bola a la niña, que se conoce que también le había hecho tilín. Hay que reconocer que los padres de Margarita tampoco eran los más avispados del barrio porque no se les ocurrió mejor idea que asignarle la protección de la princesa durante un viaje a Sudáfrica, ordenándole que no se separase de ella. Y el hombre, pues obedeció. Y claro, pasó lo que tenía que pasar, que el pobre, se enamoró. Se enamoró hasta tal punto que le dijo a su mujer "ahora ya, mi mundo es otro" y se divorció de ella con la firme intención de casarse con Margarita.

Spoiler: no acaba bien.

A estas alturas, el rey Jorge VI ya había pasado a mejor vida y su hija Isabel ocupaba su lugar, así que fue a ella a la que Margarita fue a contarle que Peter le había pedido matrimonio y que ella había dicho "I do". Isabel se puso muy contenta por su hermana y le dijo que ella se encargaba de buscar el boy para la despedida, pero llegó Winston Churchill todo escandalizado y le dijo que si es que estaba tonta, que dónde iba dando el visto bueno al matrimonio de la hermana de la soberana con un divorciado, que eso iba a causar un cisma y una crisis de autoridad sin precedentes en la monarquía. Como éramos pocos, parió la abuela y cuando se la pareja le contó sus planes de boda a la Reina Madre, casi le da un parraque. Tuvo la mujer que tomarse un gintonic para intentar reponerse del disgusto. O media docena, no está muy claro este aspecto en los libros de historia.

"Aunque parezca mentira, me pongo colorada cuando me miras"

En medio de todo este cuadro, llegó Sir Allan Lascelles, secretario de la Reina, con un planazo que no se le hubiera ocurrido ni a MacGyver. Resulta que hay un Acta de Matrimonios Reales de 1772 que dice que si un miembro de la realeza quiere contraer un matrimonio inconveniente o desigual, debe esperar a cumplir veinticinco años. Margarita en aquel momento tenía veintidós, así que no le quedaba otra que aguantarse. Por si no tenía la suficiente fuerza de voluntad, a Peter lo mandaron de funcionario a Bruselas, no fuese a ser el demonio y a Margarita de gira por África.

Allan Lascelles, el que le dijo a la Reina Madre "vamo a calmano"
Total, que después de tres años, durante los que Margarita iba de fiesta en fiesta, llegó el momento de la verdad. ¡Margarita y Peter por fin iban a casarse! Bueno, iban a casarse después de que la Commonwealth,el Parlamento, la iglesia Anglicana y un primo que vivía en Guadalajara dieran su visto bueno al matrimonio, porque resulta que a Margarita no le habían dicho la verdad del todo. Añádele a eso que no se había leído la muchacha la letra pequeña de la hipoteca, que decía que si se casaba con Peter, perdía el título de princesa, el de alteza real, la asignación que recibía de la Casa Windsor y la tarjeta de puntos del Carrefour y ponte en el lugar de Margarita.

"Fue un placer conocerte, Peter. Adiós con el corazón, que con el alma no puedo"
Y por hoy, lo dejamos, pero os recomiendo que os vayáis haciendo palomitas, porque lo gordo viene ahora, amigos.
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sábado, 13 de junio de 2020

Capítulo 5. Jorge VI, el rey tartamudo

En el capítulo anterior descubrimos que Jorge V tuvo dos hijos como dos soles, Eduardo y Bertie. De Eduardo ya hablamos en el capítulo anterior y por resumir, podemos decir que es como si Froilán hubiera sido heredero al trono de España: mucha samba y poco trabalhar.
Hoy nos vamos a ocupar de Bertie, el segundo, el que no estaba llamado a ser rey y reinó, el que nos dio lo más grande que ha salido de la Gran Bretaña: Sumaje.

Alberto Federico Arturo Jorge Windsor nació un 14 de diciembre, en Sandringham, casualmente fecha del aniversario de la muerte de su bisabuelo, el príncipe Alberto Sajonia - Coburgo. Su padre, el rey Jorge V no sabía muy bien cómo darle la noticia a su bisabuela, la reina Victoria, que como ya contamos en el primer capítulo de esta saga estaba enamorada hasta las trancas de Alberto.
Total, que para que la yaya se tomase mejor la noticia de haber tenido un bisnieto justo en el que para ella era día más trágico del año, se le ocurrió la idea de ponerle Alberto al chaval, cosa que a la reina le llenó de orgullo y satisfacción.

La infancia de Alberto, Bertie para los amigos, fue un poco regulinchi. Su hermano mayor era un guaperas, dicharachero, simpático, el terror de las nenas, vamos. Y Bertie era... pues un llorica. Se pasó el pobre media infancia enfermo y eso le volvió retraído, tímido y muy llorón. Cuentan que cada vez que le levantaban la voz, se le saltaban las lágrimas y eso a su padre no le gustaba nada de nada. En esa época, lo de mostrar tus sentimientos y dejarse llevar por las emociones no estaba muy bien visto, ya no te cuento si eras hombre y no te quiero explicar si, además, eras Alteza Real.
"Tengo el presentimiento de que me voy a comer un marronaco por culpa de mi hermano, ya lo verás"
Si a que la criatura era un poco insegura, le sumas que era zurdo y que le obligaban a escribir con la derecha y que, además, era tartamudo, pues ya te podrás imaginar que la infancia de Bertie no fue Disneyland.
Al igual que su hermano mayor, Bertie asistió al Osborne Naval College y de ahí, pasó al Dartmouth Royal Naval College, siendo el último de su promoción.Otro cualquiera se hubiera ido un pub a poner pintas, pero si eres el hijo del rey, minucias como las notas tienen poca importancia, sobre todo si a donde te van a mandar es a la Fuerza Aérea Británica en plena I Guerra Mundial. 
Al acabar la guerra, empezó a estudiar en el Trinity College y a salir de farra con su hermano, que lo llevaba por el mal camino. A pesar de su inseguridad y de su timidez, Bertie tenía mucho éxito con las mujeres y su hermano le buscó varios rolletes con señoras que fumaban. Su padre se enteró y le dijo que si se buscaba una novia formal, le regalaba el título de duque de York, cosa que a Bertie le hizo mucha ilusión. 
"Y que digan que el guapo es mi hermano, con el porte que tengo yo..."
Un día como cualquier otro, Bertie conoció a Elisabeth Bowles-Lyon, hija menor de los condes de Strathmore, y a Bertie se le hizo el culo pesicola. "No lloréis, que me voy a casar con ella", fueron sus palabras al conocerla. Pero Elisabeth no estaba muy por la labor porque según cuentan, a ella le gustaba la vida tranquila y no se veía como duquesa de York y cuñada del futuro rey, porque en verdad tiene que ser un rollazo, y si no que se lo digan a Telma Ortiz, que luego tienes que demandar  a toda la prensa y eso, quieras que no, se lleva su tiempo. 
Pero resulta que Bertie, otra cosa no, pero pesado se ve que era un rato, y después de pedirle a Elisabeth matrimonio seis o siete veces, obtuvo el tan ansiado "uf, vale". 
"Os lo dije que me iba a casar con ella. No se ha podido resistir, a la novena me ha dicho que sí"
Los recién estrenados duques de York vivían una existencia idílica, campestre, bucólica, alejados del mundanal ruido de Londres y su amor dio como fruto dos hermosas niñas, Isabel, Sumaje para los amigos y Margarita, a la que dedicaremos nuestro próximo capítulo porque es una diva, a sus pies me postro. Pero ahora viene cuando la matan y resulta que Eduardo se enamora de la Wallis y le dicen que si se casa con ella, se olvide de ser rey y Eduardo contesta, "Bertie, calienta que sales". Y de la noche a la mañana, Bertie se ve convertido en Jorge VI, rey de Inglaterra y Elisabeth, a la que ser cuñada de rey le parecía una contrariedad, en reina consorte. ¿No querías caldo? Pos toma.

Como si este especial de "princesa por sorpresa" fuera poco, al recién estrenado rey le tocó lidiar con la II Guerra Mundial y, ¿qué esperaba el pueblo de su soberano? Que se dirigiese a ellos para darles ánimos. ¿Y qué le pasaba a Bertie? Que era tartamudo, pero muy tartamudo, de sudar y todo. Y claro, tener que hablar por la radio no era lo que más ilusión le hacía al hombre, así que se buscó a un logopeda para que le ayudase con el trago, superando la prueba con éxito.

La Guerra avanzaba y las mujeres Windsor se refugiaron en el castillo que les dio nombre. ¿Qué te llevarías tú a un castillo desierto? Pues yo te digo lo que se llevó Elisabeth: las joyas de la corona. Sí, sí, las que están en la Torre de Londres, custodiadas por cuervos y beefeaters, esas que tienes que ver mientras te desplazas en una cinta automática, no vaya a ser que te encapriches de alguna y te la quieras llevar puesta. Las cogió, las desmontó, las metió en una caja de galletas holandesas (de esas en las que tu abuela tiene hilos y botones) y enterró la caja en una de las puertas del castillo de Windsor. Así mismo te lo digo. Yo ya me la imagino recibiendo las visitas, "pase, pase, no se quede usted en la puerta, querido".

El rey, mientras tanto, se quedó en Londres, lo que le valió la simpatía de sus súbditos y fraguó un plan para engañar a los alemanes sobre las intenciones del ejército británico. Consistía, fundamentalmente, en jugar al despiste: el rey acudía a distintos lugares, con la excusa de motivar a las tropas, haciendo creer a los nazis que los lugares que él visitaba era el punto que el ejército británico pensaba atacar; sin embargo, la ofensiva se libraba por otro lado, pillando a las tropas alemanas desprevenidas. Mientras tanto, su hermano Eduardo hacía cosas de nazis como quedar a tomar café con Hitler o maquinar un plan junto a los nazis para volver a ser rey después de la guerra.
"- Eduardo, ¿qué piensas?
- Cosas, Bertie.
- ¿Cosas de nazis?
- Sí, Bertie, cosas de nazis."
Pero por suerte, los planes salieron bien, Inglaterra ganó la guerra a Alemania y Eduardo no recuperó el trono, lo que trajo dos cosas buenas: la primera es que Europa no va con el brazo derecho en alto llamando taxis a día de hoy. La segunda, pero no menos importante, es que la hija de Bertie se convirtió en la reina más reina de todas las reinas: Sumaje.

Porque sí, amigos, Bertie murió. La criatura se fumaba tres paquetes de Ducados al día; encendía uno con la colilla del otro, pero cuando empezó a toser como muy fuerte, pensó que era por una almendra que se había comido. No se olió la tostada cuando empezó a esputar sangre, ni cuando le extirparon medio pulmón, y el muy cándido se fue al otro barrio sin saber que tenía cáncer de pulmón.

No lloréis mi muerte, que os dejo en buenas manos
La muerte de Bertie supuso, sin duda, uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX, no por el fallecimiento en sí, sino porque trajo consigo la subida al trono del icono más importante que ha dado Inglaterra en su historia (vale, sí, amo profundamente a Sumaje, no lo voy a negar). Pero como ya os he dicho, antes de indagar en la historia de tan ínclita dama, nos detendremos en conocer a su hermana, la princesa Margarita, diva, leyenda pop, juerguista y loca del coño total. 
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domingo, 12 de abril de 2020

Capítulo 4. Eduardo VIII, el breve

El primogénito del rey Jorge V vino al mundo en Surrey, en 1894. A sus padres les debió pasar como a muchas parejas, que no se ponían de acuerdo con el nombre que le querían poner a la criatura, así que le pusieron todos los nombres que barajaron durante el embarazo: Eduardo Alberto Cristian Jorge Andrés Patricio David.
Claro, date cuenta de que llamar al zagal por sus siete nombres era poco operativo, porque te pones a llamarlo para que venga a tomarse la merienda y, cuando llega, tiene la leche helada y las galletas más blandurrias que mi culo cuando acabe la cuarentena, así que decidieron llamarle David. Tanto gasto pa ná.
David, que tenía pinta de ser un niño adorable, con su padre Jorge V, su abuelo Eduardo VII y su bisabuela Victoria
Su infancia no es que fuera muy feliz. Como era habitual, se crio lejos de sus padres, entre niñeras y tutores. Su padre, el rey Jorge V, era distante y frío y su madre tampoco era candidata a madre del año. Con trece años, sus tutores decidieron que ya estaba bien y que pal colegio de cabeza. Y biueno... el primero de la clase, no era. Después de dos años en el Osborne Naval College, se cambió al Dartmouth Royal Naval College, pero al poco de llegar, se murió su abuelo Eduardo VII, lo que convirtió a su padre en el rey Jorge V y a él, en Príncipe de Gales y heredero al trono. Claro, con toda esta movida, pues el pobre tuvo que dejar los estudios y se salió de la Escuela Naval antes de graduarse. Cosas que pasan hasta en las mejores familias. Para que no fuera un nini, sus padres decidieron que se matriculase en la Universidad de Oxford, pero las cosas como son, si tú ya sabes que tienes la vida resuelta y que te vas a dedicar al negocio familiar, mucho interés no le pones. Así que después de casi tres años, se fue de allí con una mano delante y la otra detrás.
"Profe, que no he podido hacer los deberes porque estaba con mis cosas de príncipe heredero" 
David, a pesar de suspender hasta el recreo, era la gran esperanza blanca de la monarquía. Otra cosa, no, pero el tío era guapetón, algo así como el David Beckham de su época y claro, se ponía las botas. En 1920 empezó a verse con una señora llamada Freda Dudley Ward. Y lo de señora no es por la edad, que tenían la misma, sino porque estaba casada. Ya tenía querencia nuestro David. El caso es que David le escribía a Freda cartas en las que le contaba cada cosa... Bueno, fijaos si sería fuerte, que una de las tramas del especial de Navidad de Downton Abbey de 2013 gira en torno a una de esas cartas. Entre otras cosas, le decía que la monarquía estaba pasada de moda, que era una cosa de otra época, que tenía las mismas ganas de ser rey que de estudiar y que pasaba tres pueblos de lo que él consideraba que era el trabajo más aburrido y pesado del mundo.
No, a David, no le gustaba nada lo de ser rey. Lo de ser royal lo llevaba mejor y lo de que por ser royal le invitasen a todas las fiestas, ni te cuento. Como buen liante que era, se las apañó para que su hermano Bertie  se enrollase con una amiga de Freda, Sheila Chisholm, que también estaba casada.
David, Freda, Bertie y Sheila disfrutando de un fin de semana campestre y "taurino" 
El ritmo de vida de los hermanos Windsor no le hacía mucha gracia al rey, que viendo que con el mayor tenía la partida perdida de antemano, fue a por el pequeño.

- "Bertie, hijo, ¿tú quieres ser duque de York?
- ¿Y eso qué es?
- Pues básicamente seguir tocándote las narices, pero siendo duque.
- Posvale.
- Pues ya te estás olvidando de la pelandrusca esa y buscándote una novia como Dios manda".

Bertie, que lo que es mucha personalidad, no tenía, le hizo caso a su padre y casualmente, poco después conoce a Isabel Bowles-Lyon, más conocida como la Reina Madre, famosa por ser la embajadora de Beefeater en el mundo.

Esto no sentó nada bien a David, que escribió a Freda para decirle que si su padre pensaba que iba a dejar su relación con ella, estaba cometiendo el mayor error de su insignificante vida. Así tal cual. Y que lo odiaba y que Dios le maldijera. Casi nada.
Una de las cartas que David le envió a su amante
Pero que David estuviera encojonado con Freda no quiere decir que le fuera fiel y así, siguió buscando al amor de su vida, mientras su padre estaba convencido de que una vez que él muriera, David se iba a buscar la ruina. Cuarenta años y soltero, ya me dirás tú a mí que iba a pensar su padre de él.
Hasta que un día de 1933 conoció a una mujer americana, divorciada, casada en segundas nupcias y con fama de tener una vida disoluta. Se llamaba Wallis Simpson. A todo esto, va el rey Jorge y se muere y a David le da un agobio que te mueres, porque por si no os había quedado claro, a David, que a partir de ese momento se convertiría en Eduardo VIII, lo de ser rey le superaba. Apenas seis meses después de morirse su padre, al nuevo rey no se le ocurrió mejor idea que irse de crucero por el Mediterráneo con Wallis, que estaba todavía casada con el señor Simpson. Lo que hubiera disfrutado Peñafiel en esta movida. 
La cuestión es que durante años, nos vendieron el romance de Wallis y Eduardo como la mayor historia de amor de todos los tiempos, pero cartas que han aparecido después revelan una relación bastante tóxica, en la que Wallis trataba a Eduardo como basura, insultándolo y humillándolo, lo que por lo visto a él le molaba. ¿Y a qué se dedicaron Wallis y Eduardo? Pues a viajar, por ejemplo a Alemania, que es un país precioso, pero teniendo en cuenta que su padre tuvo que cambiar el apellido de la familia para que no se relacionase con los alemanes, igual buena idea del todo, no fue. Tampoco parece muy buena idea que en vísperas de la II Guerra Mundial, que volvió a enfrentar a Gran Bretaña con Alemania, el ex rey y su señora se fueran a visitar a Hitler. Sí, sí, a Hitler, ese señor del bigote y la esvástica. 
Wallis y Eduardo visitando a un amigo
En 1937, Eduardo y Wallis se casan, para lo cual, previamente tuvo que abdicar, recayendo el trono sobre su hermano Bertie, que a su vez nombró al ex rey duque de Windsor. Es conocida que la ambición de Wallis era ser reina de Inglaterra y que, de hecho, la boda con Eduardo fue un error de cálculo suyo, pues en cartas a su exmarido que han salido a la luz hace poco, Wallis le confiesa que sigue enamorada de él y que no quiere casarse con Eduardo, ahora que va a renunciar al trono. Sin poder dar vuelta atrás, no tuvo más remedio que casarse con él, así que pensó que ya que se había metido en este marrón, qué mejor que utilizar sus contactos en un escenario como el de la II Guerra Mundial para tratar de obtener lo que se le había negado. Documentos de la época muestran indicios de que los alemanes ofrecieron a Eduardo devolverle el trono a él y a Wallis - haciéndola reina de Inglaterra - si les ayudaban a ganar la guerra. Esto no es ninguna casualidad, de hecho, la ideología nazi de Wallis no era ningún secreto, y sus relaciones con distintas personalidades nazis y fascistas, tampoco. Que había tenido una relación con el ministro de exteriores de Mussolinni era conocido por todos y lo de que se había quedado embarazada de él y que tuvo que abortar, un rumor que corría de boca en boca.

Por suerte para todos, la jugada le salió mal y acabada la guerra, el rey los mandó a Bahamas, donde el duque de Windsor ejercía como gobernador. La reina Isabel (madre de la actual Sumaje) prohibió a todas las mujeres que se relacionaban con Wallis que le hicieran reverencias y que la tratasen de alteza, lo que a Wallis le cabreó como a una mona.
Wallis y Eduardo, sufriendo el durísimo castigo de estar confinados en Bahamas. Es increíble lo que el ser humano puede llegar a soportar. You could be heroes.

Después de una temporada en Bahamas, sufriendo lo indecible, decidieron que ya estaba bien de vivir aquel infierno y se mudaron a París. En Francia, donde hacía más de doscientos años que habían acabado con la monarquía, los veían como algo exótico y los invitaban a fiestas donde los lucían como monos de feria. Se dice que Eduardo hacía miles de regalos a su mujer, como joyas de Cartier y de Van Cleef, pero por lo que fuera, se le olvidaba pagarlas, lo que por supuesto, despertaba los cuchicheos y los chascarrillos de la alta sociedad francesa, con el consiguiente mosqueo de Wallis. 

"Wallis, ve saliendo tú, que viene por allí el dependiente de Cartier. Corre, Wallis, corre"
Wallis estaba harta de que nada le saliera como ella había planeado. Ella, que se veía como reina de Inglaterra, con todos los nobles postrados a sus pies, no era más que una friki cuyo marido no pagaba las joyas. Harta de todo, pensó en pedirle el divorcio a Eduardo, pero su cuñada, la reina de Inglaterra, la amenazó con sacar a la luz su pasado, lo que suponía dar publicidad a los rumores que afirmaban que Wallis había sido prostituta en su Pensilvania natal y que había participado en orgías en prostíbulos chinos con su primer marido. Cuentan que fue su venganza por haber arrastrado a su marido al trono, dinamitando los planes de vida tranquila y campestre que ella tenía.

Eduardo murió en 1972 sin dejar descendencia, pues las malas lenguas dicen que su amor por Wallis era más platónico que otra cosa y que jamás la tocó ni con un palo. En cualquier caso, los últimos años de Wallis transcurrieron entre la demencia y el alcoholismo. Se comenta que apenas se alimentaba más que de lechuga y vodka. Al fallecer, legó la mayor parte de su herencia al Instituto Pasteur, lo que sorprendió a la familia real, dado que Wallis jamás se interesó por las obras de caridad. 

Wallis en el entierro de su marido, acompañada por su cuñada, la reina Isabel
Wallis fue enterrada en el Cementerio Real de Frogmore, junto a su marido, en dos sencillas tumbas en el jardín, sin duda muy alejadas de la pompa y el boato que ella creyó merecer.

Tumbas del rey Eduardo VIII y de Wallis, cuya única inscripción fue "Wallis, duquesa de Windsor"




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lunes, 30 de marzo de 2020

Capítulo 3. Jorge V, el primer Windsor.

Contábamos en el capítulo anterior que Eduardo VII estaba emparentado con toda la monarquía europea y claro, pues como en todas las familias, hay cuñados con las que te llevas fenomenal y otras con las que no te puedes ni ver, y si es mentira, venís y me lo decís.

El caso es que Eduardo VII era cuñado de Alejandro III de Rusia, dado que las mujeres de ambos eran hermanas. Por eso, al llegar el verano, ambas familias veraneaban juntas, como tú con tu cuñada, solo que vosotros os vais al apartamento de La Manga y estos se iban al palacio que tenían en las afueras de Copenhague. Pero por lo demás, igual.

Claro, de veranear juntos, los hijos de ambas familias se hicieron muy amigos, sobre todo Jorge y Nicolás, que además serían los herederos a los tronos de sus respectivos países.
Nicolás de Rusia y Jorge de Inglaterra, primos y separados al nacer
¿Y qué pasó? Pues que había un tercer primo, Guillermo II de Alemania, que era hijo de Victoria, hermana de Eduardo y Alejandro, al que no invitaban a comer sándwiches de nocilla en el apartamento de Torremolinos y que, por consiguiente, no tenía mucho feeling con sus primos.

A todo esto, en Europa, empezaba a haber un mal rollo considerable, básicamente porque los grandes imperios de épocas anteriores comenzaban a entrar en crisis y a chocar con las ideas políticas que reclamaban otro orden social. En 1914 Gavrilo Princip se cargó al archiduque Francisco Fernando de Austria, que era íntimo amigo de Guillermo y ahí ya se lió parda. Austria quiso declararle la guerra a Serbia, y los rusos se metieron por medio para defenderlos. A todo esto, Guillermo había prometido ayudar a Austria en todo lo que pudiera, pero lo que no se podía imaginar era que eso iba a significar acabar declarándole la guerra a su primo Nicolás.
Guillermo II, el primo al que no invitaban a los cumpleaños
¿Y de parte de quién creéis que su puso Jorge? Pues efectivamente, Reino Unido se alió con Francia para defender a Rusia, lo que significó que Reino Unido entró en guerra contra Alemania.

Y aquí es donde se hace necesario hacer un pequeño parón para recapitular. ¿De quién era hijo Jorge? Correcto, de Eduardo VII. ¿Y de quién era hijo Eduardo? Efectivamente, de la reina Victoria y de Alberto Sajonia-Coburgo Gotha. Que os lo pongo así en negrita y subrayado para que me digáis a qué os suena ese apellido. A ser de Sussex, precisamente, no, ¿verdad? Tú oyes hablar de Sajonia, de Coburgo y de Gotha y así a bote pronto, te viene Alemania a la cabeza, o Batman, si eres muy friki. En conclusión, que Jorge, que era nieto de Alberto y de Victoria, además del trono, heredó el apellido de sus abuelos.

Jorge había subido al trono en 1910 y ya desde entonces se veía venir que lo de Reino Unido y Alemania no iba a acabar bien. Sus asesores, que eran muy avispados, le dijeron que igual lo de llevar un apellido alemán, siendo rey de Inglaterra y teniendo ese mal rollo con Alemania, no era buena idea del todo. Jorge dijo que sí, que lo iba a pensar y que ya les diría algo.
Jorge V pensando en un apellido nuevo
Llega 1914, estalla la I Guerra Mundial y los asesores de Jorge le dijeron, "Jorge, mira, que no queremos ser pesados, pero que te tienes que buscar otro apellido, que la gente no entiende muy bien eso de que estemos mandando a nuestros jóvenes a luchar contra Alemania en nombre de un rey que lleva un apellido alemán". Pero Jorge estaba a sus cosas de reyes y un día por otro, fue dejando la cosa.
"A ver, un apellido que no sea alemán... déjame que piense"
Total, que nos plantamos en 1917, los alemanes y los ingleses matándose y Jorge con el apellido sin cambiar. Hasta que un día como otro cualquiera, unos aviones alemanes bombardearon Londres, causando cientos de muertos. Casualidades de la vida, aquellos aviones eran de la factoría alemana Gotha, uno de los apellidos de rey. Imaginaos la cara de los asesores cuando fueron a contarle el pastel.

"Me cambio el apellido, ¿verdad?"
Ahí ya sí que se puso las pilas, sacó tiempo de donde no lo tenía y resolvió que sí, que tenía que cambiarse el apellido, que lo veía claro. La primera propuesta fue Lancaster, pero lo de la rima de "la cagaste" era muy fácil, así que pasaron del tema. Luego se les ocurrió que Tudor podría molar, pero les recordaba a María Tudor, Bloody Mary ("María la Sanguinaria") para los amigos y, por lo que sea, no les terminó de cuadrar. Después de muchas deliberaciones y cuando ya estaban a punto de tirar la toalla, Lord Stamfordham vio la luz: Windsor sería el apellido. El castillo de Windsor se construyó en 1066 y desde entonces, siempre ha sido residencia permanente o de vacaciones de los reyes británicos. Además, es el lugar de eterno descanso de varios príncipes, reyes y reinas, entre ellos, el propio padre de Jorge V, Eduardo VII. Elegir este apellido les conectaba con un linaje que en realidad, no era el suyo, pero que les daba como más abolengo y enraizamiento con el pueblo británico. Además, empezando por W son de los últimos de la lista, así que siempre les toca más tarde entregar los trabajos. Todo ventajas.
Pues ya tenemos apellido
Así que amigos míos, desde 1917 los Windsor son los Windsor, aunque si creéis que los problemas con los apellidos de esta familia han acabado aquí, estáis muy equivocados. Seguiremos descubriendo más en los próximos capítulos.


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lunes, 23 de marzo de 2020

Capítulo 2. Eduardo VII, el tío de Europa.

En el capítulo anterior descubrimos que a Victoria y a Alberto les gustaba más darle a la mandanga marital que a un español comprar papel del váter, y claro, tanta efusividad conyugal tuvo sus consecuencias. Cinco hijas y cuatro hijos más bonitos que un sanluís. Las chicas fueron casadas con mozalbetes tan regios y nobles como ellas, dejando a su vez una descendencia que enraizaría con las casas reales de toda Europa. Su hija Beatriz, la más pequeña de todos, se casó con Enrique de Battenberg, y su unión pronto daría como fruto a la pequeña Victoria Eugenia de Battenberg, que posteriormente se casaría con Alfonso XIII y más posteriormente sería la bisabuela de nuestro actual rey, Felipe VI.

Pero no nos adelantemos, que para eso aún falta más de un siglo. De todos sus hijos, del que nos vamos a ocupar hoy es de Alberto Eduardo, Bertie para los amigos, porque es el llamado a reinar tras la muerte de su madre. Bertie era un niño muy sociable, despierto, simpático... pero lo que es listo, listo, no les salió.
Aquí Berti vestido de domingo
Os podéis imaginar el drama. Que si el niño nos ha salido tonto, que si vamos a ponerle un profesor particular, que si mira el zagal de los vecinos, que lo saca todo matrícula... Al pobre lo agobiaron lo que no está en los escritos. Pero hete aquí que con dieciocho años les dijo a sus padres "ahí os quedáis" y se fue a estudiar a Oxford. Pues va el tío y empieza a coleccionar sobresalientes como si no hubiera un mañana. Moraleja: no agobiéis a las criaturas.

Cuando acabó los estudios se fue de gira por EEUU, a lo Rosalía pero sin chándal deluxe y sin uñas y a la vuelta, lo mandaron a Alemania, supuestamente a hacer cosas de príncipes, pero su madre, que era muy lista, ya lo tenía todo organizado para que casualmente, Bertie se encontrase con Alejandra de Dinamarca, una muchacha muy limpia y de muy buena familia. La cita se desarrolló por los cauces previstos y Bertie pagó la cena, porque él era muy caballero y entonces lo del feminismo no lo petaba mucho. 
Alejandra, ¿tendrías una segunda cita con Bertie?
Después de varias citas, la cosa se puso seria y Bertie le hizo la pregunta: ¿quieres que mi madre sea tu suegra? La incauta le dijo que sí - sin saber lo que se le venía encima - y Bertie se puso tan contento que decidió que lo mejor iba a ser darse la vida padre antes de casarse, por si luego no podía. El zagal tenía cara de enterrar a gente en el jardín, pero cuando eres príncipe de Gales, duque de Cornualles, conde de Chester y caballero de la Orden del Cardo, esas cosas no importan. Total, que estando en Irlanda de maniobras, una noche Bertie salió a tirar la basura y al volver, sus amigos le habían abierto la puerta de su tienda a una actriz llamada Nellie Clifden y, sin querer, se acostó con ella. Varias veces. El padre de Bertie, Alberto, se enteró de que su hijo era un poco golfo, más que nada porque todo el mundo hablaba de ello y fue a leerle la cartilla, con tan mala suerte de que se volvió a casa con fiebre tifoidea y se murió. 

Yo no sé si os hacéis una idea de cómo le sentó esto a Victoria (spoiler: mal). Si ya le tenía tirria a su hijo Bertie por ser un crápula, que su adorado Alberto se contagiase de fiebres tifoideas por ir a echarle la bronca fue el remate del tomate. "No puedo, ni podré, mirarlo a la cara sin estremecerme", dijo Victoria, lo que traducido quiere decir "si se me pone por delante, le arranco la cabeza".

Dos años estuvo sin hablarle a su hijo; aún así, la reina Victoria se las apañó para organizar la boda de su hijo con Alejandra, a la que tampoco volvieron a preguntar si se quería casar con este señor. Ella ya había dicho que si y santa Rita, Rita. Cuando hablamos de organizar la boda, nos estamos refiriendo a que la reina le dijo a Alejandra el día y la hora a la que tenía que estar en el castillo de Windsor y poco más, porque la pobre pintaba poco en todo esto. ¿Y por qué en Windsor y no en Westminster? Pues por dos razones. La primera, porque a la reina Victoria le salió de las narices. La segunda, porque a la reina Victoria le dio la gana. La mayoría de los parientes de Alejandra no fueron invitados y a las señoras se les restringió la gama de colores que podían vestir al gris y al lila. Pero no es que la reina le guardase rencor a su hijo ni nada de eso. Qué va. 

Alejandra el día de su boda, antes de saber la suegra que le había tocado en suerte
Después de la boda, la relación entre suegra y nuera se desarrolló de la manera típica que se desarrollan estas relaciones: Alejandra tenía que informarla de cuando le iba a bajar la regla para que no coincidiese con los bailes de palacio. No me digáis que vosotras no lo hacéis. La relación de Bertie y Alejandra tampoco se salió de lo habitual en estos casos: la pobre Alejandra tenía más cuernos que el Mesón Taurino.  Cincuenta y cinco amantes confirmadas tuvo el bueno de Bertie, entre ellas la actriz Sarah Berhanrdt, la cantante Hortense Scheneider, la madre de Winston Churchill y atentos a esto, Alice Keppel, que dicho así no os sonará de nada, pero si os digo que esta señora, posteriormente tuvo una bisnieta que se llamaba Camilla, muy dada también a las relaciones extramatrimoniales con miembros de la realeza, igual atáis cabos. Se dice, se rumorea, que en realidad la abuela de Camilla era hija de Bertie, pero son rumores sin confirmar. 
Con tanto desgaste, el bueno de Bertie se ponía como el tenazas y acabó como vamos a acabar más de uno después de esta cuarentena, con obesidad y diabetes. 
"Bertie, cariño, tú no estás gordo, estás fuerte"
Fijaos si estaba obsesionado con zampar, que obligaba a sus invitados a pesarse antes y después de las cenas de palacio, para comprobar que se habían cebado a base de bien. La familia real mantiene esta costumbre y lo sigue haciendo en la cena de Navidad, y ya os imagináis que ma-to por ver a Kate y a Meghan en ese trance. Suponiendo que a Meghan la vayan a seguir invitando a cenar con la familia después de irse como se fueron (que conmigo eso no hubiera pasado, ni cotiza, pero ya es tarde para nosotros, Harry, ya es tarde).

A la muerte de la reina, Bertie subió al trono con el nombre de Eduardo VII y se le conoció como "el tío de Europa", porque pasaba como con los Montoya, los Heredia y los Amaya, que son todos primos. Sobrinos suyos eran el Zar Nicolás de Rusia (que era clavadico a nuestro próximo protagonista, Jorge V), Victoria Eugenia de España y Sofía de Grecia, su yerno era Haakon VII de Noruega, Federico VIII de Dinamarca, su cuñado y Carlos I de Portugal, su primo. 


Empezando por la izquierda, arriba: Haakon VII de Noruega, Fernando de Bulgaría, Manuel II de Portugal, Guillermo II de Alemania (ojito a él, que la va a liar gorda), Jorge I de Grecia, Alberto I (el guaperas) de Bélgica, Alfonso XIII de España, Jorge V de Inglaterra (el hijo de Bertie) y Federico VIII de Dinamarca. 

Pero como es lógico, entre tanta parentela, alguno tenía que caerle mal y le tocó a Guillermo II de Alemania, el típico sobrino listillo que te tiene HEMBIDIA y que luego se la liaría pardísima, vamos tan parda como la I Guerra Mundial. Pero eso ya os lo cuento en el capítulo 3.
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jueves, 19 de marzo de 2020

Los Windsor. Capítulo 1: Victoria & Alberto


Pocas familias hay en el mundo cuya historia sea tan apasionante como la de los Windsor, una historia que, en sentido estricto, empieza incluso antes de que los Windsor existieran.
Pero no os preocupéis, que no voy a empezar este #AsiVemosLosWindsor por el principio de los tiempos, apenas me voy a remontar un siglo atrás.

Nuestra primera protagonista es Alejandrina Victoria de Hannover, nacida el 24 de mayo de 1819 en el palacio de Kensington (Londres). Podríamos decir que Alejandrina era una niña alegre y pizpireta, pero sería una trola, porque la verdad es que la criatura tuvo lo que podríamos denominar una infancia de mierda. La pobre se quedó huérfana de padre al cumplir un año y su madre, la duquesa de Kent, que era una sargenta, la tuvo atada en corto todo el tiempo que pudo. Con la ayuda de su mayordomo, Sir Conroy, al que según los rumores se trajinaba, la madre de Alejandrina la mantuvo alejada de otros niños de su edad y de todas aquellas personas que consideraban que eran potencialmente peligrosas para ella, lo que en la práctica se traducía en todos los miembros de su familia paterna. Cuando la zagala se fue haciendo mocica, la madre estaba tan obsesionada con la virtud y con preservar la flor de Alejandrina que la obligaba a compartir alcoba con ella, no fuese a ser el demonio. 

Victoria cuando aún dormía con su madre
El mismo año que murió su padre, también falleció su abuelo, pero hasta unos años después, Alejandrina no se empezó a oler la tostada de lo que se le venía encima. La cosa debió ser algo como lo siguiente:

- Alejandrina, ¿qué te iba yo a decir? ¿Tú te has coscado de que el rey es tu tío, verdad?
- Algo he oído.
- Y tú te has dado cuenta de que tu tío Guillermo, que está muy malico, hijos legítimos que estén vivos no tiene, ¿no?
- Y yo qué sé, si no me dejan jugar con nadie. 
- Pues calienta, que sales. 

Os podéis imaginar que las relaciones de la madre de Alejandrina con la familia paterna de su hija eran un poquico tirantes. Vamos, en Nochebuena no se mandaban wasaps con filtros de Snapchat para felicitarse. Fijarze bien cómo sería la cosa que el chache Guillermo dijo en cierta ocasión que no tenía intención alguna de morirse antes de que Alejandrina cumpliese los dieciocho, porque morirse antes supondría que su cuñada fuera regente, y por ahí sí que no pasaba. Pues cumplió su promesa. Nada más cumplir los dieciocho Alejandrina, el chache Guillermo dijo hasta luego, Lucas. Eso convirtió de facto a Alejandrina en reina, cuyas primeras decisiones fueron cambiarse el nombre por el de Victoria, porque lo de Alejandrina le sonaba a muñeca repollo, y echar a su madre del dormitorio, que ya estaba bien. 

La movida era que, como es normal, Victoria estaba soltera y había que casarla, más pronto que tarde. En aquel momento, ella andaba un poco enamoriscada de Lord Melbourne, que era el primer Ministro, así que cuando su tío Leopoldo le propuso que se casara con su primo Alberto Sajonia Coburgo, le dijo que "te lo agradezco, pero no". Pero claro, eso fue antes de verlo, porque parece ser que cuando se lo presentaron, a Victoria se le cayeron las enaguas al suelo y dijo que todo por la patria y que si había que casarse con aquel mocetón de metro ochenta, ojos azules como el cielo y nariz prominente, pues que ella hacía el esfuerzo. Y le entraron las prisas, porque en aquella época, ni un besico antes de pasar por el altar y ella estaba deseando enseñar a aquel mozalbete alemán los rincones más oscuros de la Gran Bretaña. 
"Alberto, cari, ven un momentico a mis aposentos, que hay
que... cambiar una bombilla"
Nueve hijos tuvieron, aunque se cuenta que a ella le gustaba más hacer hijos que estar embarazada. Claro, la mujer se pasó media vida embarazada y eso hizo que Alberto asumiese muchas responsabilidades de la corona, lo que a Victoria le tocaba las narices, porque coño, la reina era ella y montaba unos pollos de escándalo. Tales eran las movidas que a veces Alberto le metía notas por debajo de la puerta por miedo a que le arrancase la cabeza. Sin embargo, ella estaba loca por él, hasta el punto que, como Alberto murió tras visitar a su hijo Bertie (quién después sería el rey Eduardo VII), le echó la culpa y dejó de hablarle por los siglos de los siglos. Victoria murió en 1901 y aunque pertenecía a la casa Hannover, podemos considerarla la matriarca de la familia Windsor, como veremos en siguientes capítulos.

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domingo, 1 de septiembre de 2019

Septiembre... otra vez.

Ya lo decían Greenday, wake me up when september ends y yo no puedo hacer otra cosa que darles la razón. Septiembre me agota desde antes de empezar, así mismo os lo digo. No es que yo sea una gran amante del verano, como ya confesé el año pasado en este post, de lo que soy la fan número uno es de la procrastinación. No me voy a marcar el pegote de que a mí lo que me gusta es estar sin hacer nada, porque aunque sea total y absolutamente cierto, mi condición de madre de tres criaturas menores de diez años hace que no recuerde la última vez que pasé más de quince minutos tirada en el sofá mirando la vida pasar.


Yo, a lo máximo que puedo aspirar es a vivir sin horarios, creo que es mayor lujo que puede tener una madre persona. La lavadora hay que seguir poniéndola, pero igual te da hacerlo a las ocho de la mañana que a las seis de la tarde. La ropa no se plancha sola, pero se queda igual de bien si lo haces a las diez de la mañana o las diez de la noche. La comida hay que hacerla, pero como no tienes que llevar a los niños a fútbol, ni a ballet, ni te tienes que ir a buscar al pequeño a kárate, pues no importa si comes a las dos o a las tres y media. La laxitud de los horarios y lo de poder ir al súper tal cual sales de la piscina es lo que más me gusta del verano.



Pero amigos, eso se acabó. Hoy es uno de septiembre y partir de hoy toca correr, vivir estresado, cuadrar horarios, calentarte la cabeza con cuestiones como qué puñetas vas a hacer con tus hijos si ellos salen a la una del colegio y tú a las seis de trabajar, preguntarte cómo es posible que si normalmente recibes tres o cuatro emails de trabajo al día, tengas acumulados en la bandeja de entrada más de quinientos correos sin leer... y pesarte. Que estás más gorda que en junio ya te lo hueles, te lo dice tu intuición de mujer, el cargo de conciencia de saber que has comido helados por encima de tus posibilidades y te lo canta por Rosalía ese pantalón que te abrocha... a ver cómo te lo digo...


Pero aún así, tenemos el cuajo de pasar por el trago de subir a la báscula, comprobar que, efectivamente, no era tu imaginación y que eres cuatro kilos más feliz de lo que lo eras antes del verano. ¿Y eso qué conlleva? Pues la hecatombe, la madre del cordero, la perdición, el grado máximo de maldad que puede alcanzar el ser humano: los propósitos de septiembre. Vamos a ver una cosa, ¿esto no era en enero? ¿A santo de qué tenemos que ponernos otra vez a plantearnos metas vitales? ¿Esto lo hemos copiado de los USA, como Halloween? ¿Hasta cuando duran los propósitos de septiembre? ¿Se invalidan con los de enero? ¿Se vale repetir? Lo único que tengo claro es que parece resultar imprescindible hacer una lista de cosas que potencialmente van a cambiar tu vida de una manera radical y que, a partir de hoy, debes poner todo tu empeño en cumplir. Yo, que me apunto a lo que sea, no voy a ser menos, así que aquí os dejo mi lista de propósitos para este nuevo año que comienza hoy:

1. Perder veinte kilos.
1. Perder quince kilos.
1. Perder diez kilos.
1. Perder cinco kilos.
1. No engordar más.
2. Desmaquillarme todas las noches. No vale eso de bah, si no llevo rímel, a tomar por saco.
3. Empezar DE VERDAD a usar una crema de contorno de ojos. Esto incluye, además de comprarla, ponérmela cada noche. En su defecto, empezar a ahorrar para ponerme botox, hialurónico o lo que sea que haga que mis párpados vuelvan a donde han estado toda la vida.
4. Convertirme en realfooder.
4. Dejar de comer mierda.
4. Reducir el consumo de azúcar y ultraprocesados.
4. Comer cinco piezas de fruta al día.
4. Intentar no comer porquerías más de una vez por semana.
5. Desterrar de mi vida y de mi vocabulario lo de un capítulo más y me duermo. Así podré dormir ocho horas, lo que sumado a beber dos litros de agua al día me va a convertir en Giselle Bündchen, por lo que tengo entendido.
6. Hacer la lista de la compra en casa e ir al supermercado solo una vez por semana. Con el estómago lleno, a ser posible, para poder cumplir con los puntos 1 y 4.
7. Silenciar los grupos del whatsapp de madres y no contestar, ni entrar al trapo en discusiones del tipo "yo es que no entiendo por qué se tienen que disfrazar de Halloween si eso aquí no se ha celebrado en la vida".
8. Llevar siempre las uñas bien arregladas y, en la medida de lo posible, las cejas y el bigote depilados.
9. Echar la carta de los Reyes Magos y de Papa Noel antes del 23 de diciembre.
10. Que el cambio de ropa de verano-invierno no se me solape con el cambio de ropa de invierno-verano.

Y ya estaría. Yo, de momento, lo voy a apuntar todo en un post-it y lo voy a pegar en sitios estratégicos, como el espejo del baño, el frigo, el mando de la tele y el móvil. Pero ya, si eso, lo hago mañana, que hoy es domingo y los domingos no cuentan. La procrastinación y tal, ya tu sabeh.

¡Un abrazo chillao!

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Mis novelas

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Nosotros, en singular, se dice tú y yo

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